Abril: Aquí vamos otra vez.

Parece que nunca tengo tiempo de hacer mucho de lo que antes disfrutaba hacer, solo porque no le saco el tiempo. No sé en qué momento se volvió tan difícil escribir y poner en algún lugar mis pensamientos, y aunque no sé el momento, sé más o menos bien la razón: sigo intentando no lidiar y no darle la cara a lo que estoy sintiendo.

Con los años verme y entenderme se ha vuelto más difícil porque cada vez es más el bagaje que descubro que me ha acompañado y para mí misma me he convertido en un peso interesante. Antes solía entenderme completamente, pero en terapia descubrí que solo estaba entendiendo una capa de mí y que todo lo demás estaba bien escondido en zapas y capas de trauma. Capas que para ser sincera son muy complejas de aceptar.

En mi mente abril y mayo estuvieron compactados en uno solo, no recuerdo cuando comenzó uno y cuando terminó el otro, fueron meses en los que mi vida social estuvo más activa de lo normal y fui feliz. Disfrute al máximo de compartir, de verme con las personas importantes en mi vida, de hacer planes distintos y vivir experiencias que nunca antes pensé vivir, este mes me gustó hasta que el mundo comenzó a sentir que volvía en un ritmo lento al que estaba acostumbrada.

Pasó mucho y a la vez no pasó nada, Magia vino de México y no fue una experiencia tan placentera como la esperaba, mi amistad con Valentía sigue tomando un rumbo en el que nunca sé si estar tan bien durará por mucho tiempo porque nunca encontramos un ritmo agradable, simplemente o nos vemos mucho o dejamos de vernos por mucho tiempo (y no estoy segura de que tanta responsabilidad me corresponde en esa situación).

En otras noticias: estoy saliendo con alguien. Es un ser humano que estoy conociendo con cosas positivas y cosas no tan positivas; sin embargo, lo más importante es cómo me he estado sintiendo con esta situación. A su lado, siento como si hubiese pasado mucho tiempo desde que estamos “saliendo”, el espacio-tiempo con él se altera.

A 28 de abril no me siento bien, me siento cansada y con constantes ganas de dormir, mis ganas de trabajar cada vez se hacen menos y la ilusión de ir a trabajar palidece lentamente, solo el día de ayer dejé un suéter que me había regalado mi mamá y estaba teniendo un ataque de ansiedad. Me siento al borde, los pensamientos intrusivos están tomando más fuerza, es como si algo dentro de mí comenzara a tragarse la luz de a pocos. Tengo mucho sueño y realmente estos últimos días he estado durmiendo correctamente, peor la culpa, la sensación inminente de que algo va a pasar, están conmigo apenas abro los ojos.

Ansiedad por el trabajo en las noches de domingo

Encontrar la tranquilidad y la relajación por fuera de mis jornadas laborales es algo que me está costando más de lo que alguna vez pensé. Ustedes no lo saben, porque definitivamente llevo mucho tiempo sin escribir y sin actualizarlos de mi vida, pero muchas cosas han cambiado.

Conseguí un trabajo nuevo, es un trabajo remoto y casi parece un trabajo soñado para muchas personas. Para mí a pesar de la libertad que significó y los cambios en mi vida, está muy lejos de ser algo soñado. Y no me malentiendan, no es que quisiera quedarme en el otro lugar donde estaba, la realidad es que este cambio de trabajo fue una forma de activarme muchas alertas en mi vida. En este momento no soy feliz donde trabajo y la causa principal es lo que genera en mí.

El nuevo trabajo al principio era un lugar que significaba un ambiente sano donde me tratan bien, donde estoy ganando más dinero, en donde estoy poniendo en práctica habilidades en las que he estado trabajando por mucho tiempo. Se volvió algo que realmente quiero mantener y eso mismo, lo hace una de las mejores y peores cosas que me han podido pasar. A este punto todas las emociones que me invaden pensando en este trabajo me abruman, me hacen sentir lo mejor y lo peor y a pesar de que quiero fieramente mantenerlo junto con las comodidades que me permite, siento que también estoy intentando sabotearme ¿por qué supongo esto?

Porque no paso de equivocarme, no paro de cometer error tras error, porque parece que tengo la potestad en mi de acabar con todo, porque no me adapto lo suficientemente rápido, porque detesto no ser perfecta a la primera y que siempre me esté haciendo falta algo, porque me es difícil que aunque me esfuerce al máximo siga sintiendo que mi desempeño es mediocre. He llegado al punto en el que las dudas son una constante, no sé si la cantidad de retroalimentaciones que se reciben son normales, pero para mí tanta retroalimentación es la muestra de que sigo haciendo las cosas mal, que sigue sin ser suficiente.

También me he dado cuenta de que mi salud mental cada vez tambalea más y eso me hace preguntarme que tanto vale la pena haber cambiado de trabajo, porque en lugar de haber avanzado siento que retrocedí y de alguna manera me metí en un infierno, personal, que resultó ser peor.

Quiero creer que no tengo la potestad para ser el inicio del fin de las cosas, un amuleto de mala suerte o algo por el estilo para el lugar donde estoy, me siento inexperta, pérdida y vulnerable. Tengo más dudas que certezas y todo el tiempo me estoy haciendo preguntas que así me respondan, siento que no tengo claridad. Tengo miedo todo el tiempo y las expectativas en lugar de disminuir se hacen cada vez más grandes y más pesadas con el único pensamiento de que si me esfuerzo más puedo compensar todos mis errores.

Se me hace imposible soltar, desahogar, dejar ir y no tomarme cada cosa que pasa personal. Me la paso pensando todo el tiempo en como puedo hacer para que esto mejore y por más que lo pienso no tiene una solución. La única respuesta soy yo, deconstruir la forma en la que pienso y estoy estructurada mentalmente: es irónico como puedo pensarme como un ser poco valioso y al mismo tiempo pensar que todo lo que pasa a mí al rededor está permeado por alguna decisión que yo tomé.

En retrospectiva, creo que esa es la señal que siempre he recibido del mundo a mi alrededor, esa de que no valgo nada, pero al mismo tiempo soy un factor de peso para todo lo que ocurre, no soy suficiente, pero al mismo tiempo debo ser suficiente. Es como la escena de la película de la Barbie:
Es literalmente imposible ser mujer. Eres tan hermosa y tan inteligente, y me mata que no creas que eres lo suficientemente buena. Como, siempre tenemos que ser extraordinarias, pero de alguna manera siempre lo estamos haciendo mal.

Tienes que ser delgada, pero no demasiado delgada. Y nunca puedes decir que quieres ser delgada. Tienes que decir que quieres estar sana, pero también tienes que estar delgada. Tienes que tener dinero, pero no puedes pedir dinero porque eso es grosero. Tienes que ser una jefe, pero no puedes ser mala. Tienes que liderar, pero no puedes aplastar las ideas de otras personas. Se supone que te encanta ser madre, pero no hables de tus hijos todo el maldito tiempo. Tienes que ser una mujer de carrera, pero también estar siempre pendiente de otras personas. Tienes que responder por el mal comportamiento de los hombres, que es una locura, pero si lo señalas, te acusan de quejarte. Se supone que debes mantenerte bonita para los hombres, pero no tanto como para tentarlos demasiado o amenazar a otras mujeres porque se supone que eres parte de la hermandad. Pero siempre destaca y siempre sé agradecida. Pero nunca olvides que el sistema está amañado. Así que encuentra una manera de reconocer eso, pero también sé siempre agradecida. Nunca hay que envejecer, nunca ser grosera, nunca presumir, nunca ser egoísta, nunca caer, nunca fallar, nunca mostrar miedo, nunca salirse de la raya. ¡Es muy difícil! ¡Es demasiado contradictorio y nadie te da una medalla o dice gracias! Y resulta que, de hecho, no solo lo estás haciendo todo mal, sino que además todo es culpa tuya.

Estoy tan cansada de verme a mí misma y a todas las demás mujeres enredándose en nudos para gustarle a la gente. Y si todo eso también es cierto para una muñeca que solo representa a mujeres, entonces ni siquiera lo sé.

Y es así como termino sintiéndome como hace 40 minutos, viendo la hora del reloj un domingo por la noche, percibiendo como la ansiedad se apodera de mí porque mañana no es un día de descanso y “paz”, es otro día de estrés, de no hacer las cosas bien, de ser buena, pero no suficiente, de entregar mi trabajo, pero siempre hay algo que falta. De seguir las reglas, pero fallar en algo porque había una regla que desconocía, de que me digan que lo estoy haciendo bien, pero que la actualidad sea todo lo contrario, de sentir el peso de la presión, de querer hacerlo bien y no ser un problema para nadie, pero aun así serlo. De que nadie esté satisfecho con lo que se le entrega, pero nadie sepa exactamente que es lo que quiere, de que el mundo no sea claro, que sea confuso, que no haya tierra firme.

No sé como acostumbrarme a la realidad de que las cosas no son ni serán como deberían ser, como se supone que sean. Me da ansiedad vivir en un mundo donde «conozco» las reglas, pero nadie las sigue, donde tengo miedo todo el tiempo, donde siempre me siento perdida, donde siempre me estoy equivocando aunque haga las cosas como me las pidieron, donde soy consciente de ese esfuerzo y esa energía perdida en intentar satisfacer y cumplir con las cosas como deben ser.

¿Qué está pasando en mi mente?

Este es un resumen por todas las preguntas, sentimientos, sensaciones y pensamientos que me tienen el pecho hecho un nudo, tragando saliva y con ganas de ponerme a llorar.

¿Por qué siempre debo estar sintiendo cosas positivas?

A menudo cada vez que expreso una emoción que es menos que positiva o contradice algún sentimiento de algunas personas en mi vida me dejan con la sensación de que estoy haciendo algo más, dejan un silencio incómodo que me hace sentir que soy la peor persona del mundo por sentirme bien, me hace sentirme avergonzada así yo tenga todas las razones para sentirme como expresé que me sentía.

¿Por qué me importa tanto como los demás se sienten conmigo?

Parece que vivo buscando la aprobación de los demás para permitirme sentirme en paz conmigo misma, lucho contra la necesidad de que estén de acuerdo conmigo y doy lo mejor de mí para entenderlos cuando no es así. La necesidad de siempre tener la razón, ser perfecto y hacer las cosas bien, me persigue y me drena.

¿Qué es una buena decisión?

Me aterra decidir por miedo a equivocarme, aunque aun así tenga que hacerlo, odio todas las partes egoístas y negativas de mí, desde mi terquedad hasta mi necesidad de ser un ejemplo. No sé qué es una buena decisión porque así yo crea que tome una buena decisión, una parte de mi cerebro no está convencida.

Estoy tan cansada de luchar conmigo misma, tan harta de sobre pensarlo todo, de sentirme paranoica y desconfiada del mundo a raíz de comentarios y percepciones de otros. El cambio se ha llevado mi tranquilidad y no estoy segura de que valga la pena, estoy agotada de sobre pensar.

Me siento abrumada y a punto de explotar, me mantengo evitando pensar porque no quiero asumir mis pensamientos. Estoy cansada, todos los días, cansada de mí. Cansada de no tener un espacio tranquilo en mi mente, de constantemente estar luchando contra mis propios pensamientos, me siento agotada de pensar en lo bueno y en lo malo, de intentar no ahogarme cuando la marea de pensamiento absorbe mi cabeza, cansada de ser yo misma la que se está tirando hacia abajo, la que se ahoga porque conoce exactamente como hacerlo.

Estoy exhausta de buscar aprobación, de querer hacerlo todo bien todo el tiempo, estoy cansada de mi nueva y mis viejas versiones. Estoy agotada con todo lo que represento porque ser yo consume demasiada energía.

Como el 10 de julio de 2023, me cambió la vida: Parte 2.

Hay muchas razones por las que en los últimos años he estado más que conectada con mis emociones y rutinas, desde niña he tenido una relación muy estrecha con quién soy y cómo soy, por la ansiedad, los traumas y porque a fin de cuentas siempre he sido la unos persona que ha estado conmigo en las malas y en las buenas.

Así que cuando tres días después de la muerte de mi amigo, mi mente se silenció, sentí el verdadero terror. No me sentía ansiosa ni depresiva, el constante murmullo y dudas en mi cabeza repentinamente ya no estaban, el dolor estaba ahí pero se sentía entumecido. Me volqué al trabajo aprovechando que Inspiración estaba de vacaciones y yo había quedado a cargo de muchas de sus tareas, me enfoqué en hacerlo todo y que todo el mundo estuviera bien.

Coincidencialmente ese viernes tenía terapia y mientras narraba lo difícil que había sido, de sentía como que era la historia de otra persona, el dolor de otra persona, pero en cuanto tocaba algún recuerdo volvía a sentirme como una caja vacía. Mi psicóloga me dijo que había sido mucho en muy poco tiempo y me recomendó vernos la siguiente semana para ver cómo iba.

Seguí trabajando el triple, enfrentándome a mis emociones en las noches pero encontrándome de nuevo con el silencio ensordecedor, comencé a desconocerme; actuaba como un robot y reacciona a como se suponía que debía reaccionar, incluso para enfermarme mi cuerpo tomo la decisión de caer en cama justo un día que no tenia que ir a la oficina. Me frustré en terapia por no sentirme como yo, por no sentir ni poder pensar en el dolor, por no llorar y estremecerme; por no poder reaccionar de una forma “sana” pero fue allí mientras me exigía procesar mi pérdida de la manera correcta que me di cuenta de cuantos duelos estaba haciendo con la pérdida de él.

Más tarde en el mes, las cosas en el trabajo se complicaron y tuve que establecer límites diciendo a viva voz “No estoy en la capacidad mental, emocional ni física para aguantar esto de este compañero de trabajo, no quiero hacerlo y no lo voy a hacer porque a duras penas me estoy manteniendo a flote”. Por esos mismos días mi papá llamó con su circo de pendejadas queriendo que resolviera un problema en su vida, me negué e intentó manipularme con una de sus frases y amenazas más comunes, me cortó tajante, volví a sentir un poco y expresé “Porqué la vida me quita personas que quieren mi bienestar y me deja personas que solo me traen caos y problemas a mi vida”, también fui a verme la película de la Barbie a desbloquear los recuerdos más bellos de mi infancia y a conectarme con mi niña interior que fue feliz, me devolvió el aire y pude sentir una vez más.

Tuve que enfrentarme a líos administrativos desgastantes, a encontrarme con la culpa y el tener que llamar a Inspiración en sus vacaciones porque no sabía que hacer. Las emociones volvieron, una noche lloré por Hermosurita, le pedí disculpas, recordé lo hermoso que vivimos y los planes, abracé mi dolor y me consolé hasta que me quedé dormida y al día siguiente ya no me levanté en silencio ni entumecida por el dolor.

Me levanté inspirada, queriendo honrar a una de las personas que me veía de la forma más bonita posible, que creyó siempre que yo podía lograrlo todo, que fue mi fan #1 sin condiciones. Que me amó a su manera y con el que a la final siempre intentamos ser sinceros y honestos el uno con el otro, ese día me prometí trabajar aun más duro en ser esa persona que él se fue creyendo que era, es imagen grande, segura y fuerte que tenía de mí y además, me prometí vivir los momentos, aprovechar el ahora con mis amigos, compañeros y familia porque cuando lo perdí a él me di cuenta de que sin importar cuantos momentos hayamos vivido siempre me va a hacer falta haber vivido más con él, más abrazos, más tomadas de la mano, más charlas en las escaleras, más comida mexicana, más amaneceres, más años nuevos, más grados, logros, éxitos, más existencia y momentos juntos.

Quiero compartir con la gente que amo al máximo para que cuando me falten o les falte nunca se agote la fuente de recuerdos y momentos de amor…porque ese es el consuelo que queda al final.

El fin de mayo y el comienzo de Junio

En cuestión de 5 días la vida se me ha puesto proverbialmente para arriba, de nuevo recordándome que la zona de confort es peligrosa y debe ser tomada con mucha calma.

Todo comienza con una oferta laboral que me pone a evaluar y re evaluar pros y contras de cambiar de trabajo, analizándolo desde todos los aspectos posibles para descubrir 2 días después que nada de lo que que yo tenia por certeza en mi grupo de trabajo era como yo pensaba que era.

He pasado por muchos estados anímicos, todos negativos, sintiéndome en el vacío absoluto hasta llena de ira. Hoy afirmo haber salido de mi zona de confort y estar muy perdida, se me condena como generadora de malestar dentro de mi equipo de trabajo porque doy una “energía” que los incomoda y me comunico de la forma que no es, todo es un concepto vago y del que me doy cuenta porque mi coordinadora se sentó a hablar conmigo.

He pensando demasiadas cosas, desde no entenderlo, sentirme dañada hasta entender cuál es mi responsabilidad y lo que puedo hacer en este momento. Sin embargo, algo dentro de mí se rompió y no sé cómo repararlo.

Quisiera decir que tengo ganas de arreglarlo todo y que me disculpen, pero no es así, lo único que quiero es dejar de ser el tema de conversación y malestar y estoy dispuesta a hacer lo que sea necesario para limpiar mi buen nombre y seguir adelante con lo que me corresponde a nivel laboral, aunque con una mancha imborrable más en mi historia.

Para ser comunicadora, me cuesta comunicar lo que siento y lo que me pasa, el resultado de años de reprimirme emocionalmente y guardarme todo para mí, lo que me ha hecho amargarme y no saber cómo interactuar con nuevos grupos de gente ya que siempre he sido una solitaria y este tipo de situaciones rectifican aún más el por qué me gusta estar sola.

Me he visto envuelta en estrés sobre estrés y situaciones que desafían mi entendimiento sobre el mundo, que me frustran y me entristecen. Por lo que las he tomado para mi y de forma consciente no las he dejado salir ni ser expresadas más allá de una y otra conversación, pero esto ha generado algo más entramado y es como mi inconsciente lo ha estado manifestando sin que yo me de cuenta o lo controle y eso es lo que ha terminado afectando a mis compañeros de trabajo.

Suelo estar en pleno control y que algo se salga de allí, me hace sentir avergonzada. Por lo que después de días de meditación soy capaz de ver mi error y prepararme para disculparme y comenzar a trabajar de forma consciente en cómo traer a lo consciente mis emociones para que no me delaten.

Es un ejercicio que me va a tomar tiempo en perfeccionar pero confío en que puedo lograrlo, no por nada durante todos mis años escolares ni profesoras ni compañeras se dieron cuenta del ambiente cargado de abuso verbal que me acompañó.

Ahora solo debo volver allí, cerrar los puentes hacia la verdadera yo y edificar la fortaleza y fachada que es socialmente y laboralmente aceptada para seguir adelante, si Elle de 7 pudo ¿por qué no podría repetir 20 años después? El asunto realmente importante es que va a ser algo que tendré que hacer con todos incluso aquellas personas dentro de lo laboral con las que he edificado una amistad, pero todo sea por no tener más líos laborales.

El universo y yo nos hemos comunicado en estos días, más de lo usual, me ha dado señales claras con letra pequeña y aunque no tomé la decisión más fácil y obvia, sé que el aprendizaje estará allí en algún lado y la recompensa vendra en forma de un nuevo lugar de trabajo con un ambiente profesional y menos drama del que tengo actualmente, el universo y yo sabemos que es suficiente.

La difícil tarea de pertenecer en un día lluvioso de mayo

Caminar en la lluvia mientras escuchaba la nota de voz de alguien que quiero se sintió como ir flotando y haber alcanzado el éxito, me sentí como ai perteneciera y a menudo me pasa con Magia.

Pero, la mayoría del día me encuentro viendo grupos de personas, duos de amigos y me siento fuera de lugar, como que no pertenezco. Incluso con mis amigas cercanas en el trabajo, somos 3 pero a menudo las veo y siendo que son ellas 2 y bueno…yo.

Me pasa con compañeros con los que me llevo bien, nos decimos los pikachu, porque siempre pensamos que hay solo uno de nosotros y rara vez tenemos la suerte de encontrarnos, pero ahí también los veo irse a una esquina a hablar entre ellos y parezco siempre estarlos buscando.

Esos son sólo dos ejemplos actuales, porque de la vida tengo muchos y por eso es que siempre me resuena la escena de un libro homoerotico donde un par de gemelos están con su pareja y el que se siente más dejado de lado dice:

¿Quieres saber por qué las cosas nunca fueron iguales?- gritó Banning dándole un fuerte empujón a Brian en el pecho-. ¡Debido a ti! Deiaste de hablarme como lo hacíamos antes. Eras el pobre Brian, que había sido herido por el mundo feroz. Pobre y dulce Brian que había sido engañado. Todo el mundo estaba tan preocupado por la forma en la que te afectaba, que yo era el último en quien pensaban en cualquier momento, cuando era yo el que había sido abandonado por ti.

»Pero tú sigues siendo el dulce, el que todo el mundo ama.

Demonios, incluso cuando la gente nos llama, tu vas en primer lugar. Brian y Banning. Brian y Banning. Siempre, Brian, y bueno, supongo que tendrán que aceptar a Banning. Fuiste tú quien me dejaste y sin embargo, yo seguía sin ser lo suficientemente bueno para que alguien me amara. iTú no confiabas en mí! iY nunca volviste a comportarte como antes aunque yo hubiera tenido razón! Si necesitabas consejo o hablar, acudías a Fergus. iTe has pasado seiscientos años actuando como la parte herida cuando fuiste tú quien lo causó!

»Nunca volviste a comportarte como antes. Actuabas como si yo fuera el malvado y exigente hermano mayor, y tú fueras el pobre bebé Brian. -Él me miró-. Y ahora que nos hemos encontrado con nuestro compañero sigues siendo el favorito. -Sus ojos se llenaron de lágrimas, que de inmediato los desbordaron. Se las secó furiosamente con los puños apretados-. Sé que soy el último. De nuevo me dejas de lado.

Estoy cansado de que me aparten a un lado.

Y sí, tal como Banning estoy cansada de que me aparten, de no sentirme suficiente para ser amada, de no ser capaz de saber que alejo a las personas que me quieren y quieren estar conmigo porque me abrumo y prefiero que se alejen antes de que se den cuenta de que no valgo la pena, y me duela más. Lo he intentado, e intentado hacerlo de forma distinta y aunque no parezca, estos días me había estado sintiendo bien conmigo, con la persona que ha salido bien librada de las batallas, a pesar de no ser fan de sentir que me apartan, intento tomar mi parte de responsabilidad en ello pero sé que no es del todo mía.

Ahí es donde duele y la soledad se hace más fuerte, me siento como un pañuelo que se usa cuando se necesita pero también sé que me he permitido ser ese pañuelo, estoy acostumbrada a serlo aunque quiera ser una joya valiosa atesorada por quien se cruza en su camino.

Sin embargo, se que al único lugar al que realmente pertenezco es conmigo, es con la única persona que no me siento sola aunque no haya gente a mi alrededor, con la que puedo estar muchas horas y rara vez me canso. Me pertenezco y dentro de mí hay una parte que celebra, la misma parte que ha trabajado arduamente por construir un autoestima.

Y la otra parte, se siente mal de ser tan solitaria y sólo pertenecerme, cuando realmente quisiera pertenecerme y pertenecer a otro lugar con gente distinta, donde se sienta paz y no haya duda de pertenecer, como los breves lapsos de tiempo en que pertenecí a Magia y Energía en mi viaje a México, aunque…allí también sentí que me aferraba a la idea de pertenecer y ser parte, pero realmente tampoco lo era.

Reflexiones a partir de la ficción

Este fin de semana vi una serie que se estrenó hace poco , se llama “XO, Kitty” y es la secuela de una serie de libros/películas que me leí hace algunos años y que disfruté mucho. Como una leve reseña, la serie apuntaba a ser todo lo que podría gustarme mezclando comedia, corea y las historias de amor, la verdad estaba asustada de verla y decepcionarme así que lo evadí cuanto pude hasta que finalmente me enganché y no pude parar.

Terminé enamorada de uno de los personajes: Minho, de quien muchas otras personas también quedaron flechadas ¿Por qué? Porque tal y como lo vi en tiktok, él es una green flag en envase de red flag y simplemente, ese es mi tipo de ser humano.

Inspirada por la serie, decidí verme las películas de este universo y allí estuvo el error: siempre me he identificado con personajes como Lara Jean. Personas que viven atrapadas en el drama hasta que alguien entra en sus vidas a ayudarles a vivirlas en realidad. Y a partir de ahí, caí en una espiral depresiva.

¿El pensamiento recurrente? En alguna otra vida me encantaría ser una persona normal. Alguien del común que no sobre piense cada paso que da, alguien que haya disfrutado de ser adolescente, enamorarse y no tener miedo del futuro, una persona a la que la ansiedad no fuera patológica y la alejase de cada nueva experiencia por mantenerse en control, un control que no existe.

Me sentí vacía, a unos años de los 30 realmente siento como que la vida se me acabó y mucha gente se reirá porque falta mucho por vivir, pero llevo años viviendo con preocupaciones de adulto, con conocimiento de adulto y no recuerdo qué era vivir sin preocupaciones, dejar que la vida se hiciera cargo porque todo siempre ha dependido de lo que yo haga por mi.

Quisiera repetir la adolescencia, con una vida distinta y más ligera, con salidas espontáneas, nuevas experiencias, primeras relaciones disfrutadas al máximo sin una lista de prioridades a consideración.

No sé cómo dejar ir las ganas de controlarlo todo, el sobre pensarlo todo, el miedo y decepción constante que van conmigo. Siento que he luchado mucho por mejorar pero apenas me he movido unos milímetros en años. De nuevo, siento que se me acaba el tiempo, que voy atrás corriendo con una maleta que pesa, parece que nunca estoy a tiempo con el timing de la vida, a veces voy más rápido en unos aspectos y me detengo en otros.

Quisiera enamorarme sin pensar en los 30.000 escenarios futuros, vivir un presente de nuevas experiencias, permitirme ser amada y amar sin miedo a equivocarme y no actuar como se supone que debería hacerlo. Quiero darme la oportunidad, pero no sé cómo hacerlo, nadie tiene la respuesta, supongo que alguien me diría que la respuesta está en mí…pero realmente necesito ayuda en este camino de amarme, ya no creo en que primero debo amarme yo para que alguien más me ame, sé que necesito un apoyo en este camino. Pero, no sé dónde conseguirlo.

Culpa rumiante

No logro ponerme al día con mis sentimientos desde el viernes, en donde, a raíz de no saber que estaba lidiando con el duelo y no informar que no me había levantado con la energía suficiente para estar al día con mis emociones y hacerme cargo de ellas a pesar de que no había indagado qué estaba sintiendo.

Pero, una vez más me encuentro atrapada en un tornado de culpa, en un loop de “tu “debías saberlo y el desconocimiento no te exime de tu culpa”, se que intencionalmente no lastimé a mi equipo porque se me dio la gana, pero el haberlo hecho me deja una responsabilidad abrumadora y a la vez me hace preguntarme ¿Por qué siempre tengo que ser perfecta? Porqué el sentirme baja de energía tiene que ser un tema que afecte a los demás y los haga sentir mal ¿Por qué no tengo la libertad de tener un mal día y poderlo dejar atrás con el reconocimiento de que todo estará bien y que existe el borrón y cuenta nueva?

Llevo tres días en los que me da vueltas y vueltas el tema, todavía no lo he podido soltar junto con otros temas, como lo que piensa la gente de mí y lo que interpreta de mi relación con loa demás. Me he hecho tan cercana con la culpa que siempre termino asumiendo las responsabilidades y buscando reparar lo que aconteció porque sigo buscando la aprobación y aceptación de los demás, porque los conflictos siempre me hacen sentir como si tuviera 5 años con ganas de abandonar el mundo o cederlo todo para que nadie me odie, me haga sentir mal o se robe mi paz.

Estoy cansada de sentirme culpable por cada error que cometo, sentirme que tengo que arrodillarme y suplicar perdón para poder estar en paz conmigo misma, sin importar la gravedad del asunto. Tengo el impulso compulsivo de siempre agradar y cuando no lo hago se siente como que el mundo se me viene encima, quisiera poder hablarlo con alguien y que me ayuden a tranquilizarme, pero pienso que yo misma debería poder hacerme ver que si bien lo que sintieron no es inválido, tampoco es mi responsabilidad porque directamente no los traté mal ni hice nada que atentara en contra de ninguno de ellos.

No puedo hacerme cargo de cómo interpretan mis acciones y comportamientos, además de que no tengo por qué andar dando explicaciones y buscando empatía. Tuve un día complicado que lo llevé como mejor pude y lo sobreviví sin llamar la atención de nadie para mi propia tranquilidad.

La culpa no ha desaparecido pero escribiendo he encontrado un poco más de paz, no tengo por qué cargar con responsabilidades ajenas a mí y lo pasado es pasado, no tengo una máquina del tiempo para hacerlo de un manera distinta.

Del amor propio y los obstáculos que no te cuentan

Después de hacer algo que para mí es un escalón monumental en mi vida, he tenido que reconocer que de alguna forma he llegado a ese punto donde entiendo que soy valiosa y que merezco mucho porque si bien sé que no soy perfecta y que nunca llegaré a serlo, mi existencia me hace más que merecedora de esos anhelos que tienen mi corazón.

Pero aquí en mi habitación mientras escucho a mi vecina poner y cantar “La tortura” de Shakira y Alejandro Sanz, me enfrentó a un pensamiento de hace unas tardes: si sé que soy valiosa para saber que errores y que personas no quiero en mi vida a pesar de lo mucho que los ame ¿Por qué no me considero suficiente para conocer a alguien y estar segura de que disfrutarán estar conmigo?

A veces se siente como que mi razón y mi realidad no se conectan, porque hay cosas que se pero sigo sin aplicar. Entonces termino confundida con heridas que he avanzado para sanar e hicieron parte de mi por mucho tiempo y las heridas que aun no he comenzado a tratar.

Sigo dividida entre la persona que quiero ser y la persona que desconfía de enamorarse por lo mucho que le tomó desapegarse de la persona de la que se enamoró, por lo mucho que disfrutó sentirse normal y sentir todas las emociones que trajo consigo el amor.

No estoy segura de haberlo mencionado en este espacio pero, mi verdadero trauma con el amor es que me extasié de estar enamorada que cuando todo acabó, quedé haciendo un duelo largo en el que aprendí muchísimo, pero en el que se me fueron 5 años de mi vida en los que me quedé anhelando y viviendo en los recuerdos.

Es una mezcla entre el miedo de no volver a sentirlo con la misma intensidad, aunque para serles sincera me conozco demasiado bien para saber que puedo sentirlo aun con más intensidad, y el miedo de volver a disfrutarlo o disfrutarlo aún más y tener que ver cómo se acaba o termina en algún momento para sepultarme de nuevo en una nube de dolor, depresión y un duelo de muchos años , obstáculos, etc.

Entonces termina siendo un lío porque continúo trabajando arduamente para verme al espejo, para no temerle a mi reflejo, para no volver a viejo hábitos de autosabotaje, para ser yo misma quien se provea lo que quiere y necesita. Se que soy suficiente para mi, el problema es que estoy cansada de ser todo para mí misma y sentirme siempre al volante, hay días en que quiero compartir mis pesares con alguien, que quiero compartir cargas, tristezas, historias, cambiar preocupaciones, encontrar quien me resuelva, elegir compartir todo lo que está en mi cabeza con alguien más, un poco porque me siento como una carga muy grande para mi misma (algo en lo que debo seguir trabajando) y otro poco porque creo que es justo compartirme con alguien que me ame por quien soy, como yo misma estoy aprendiendo a hacer.

El camino del amor propio termina siendo como un viaje por carretera, por los baches, los paisajes, los pare y siga, las carreteras pavimentadas y las carreteras abiertas, días en los que se está seguro para dónde se va y otros en los que se sigue adelante porque el retorno más cercano está a muchos kilómetros de distancia.

El camino al amor propio no es fácil y no siempre es bonito, comparto conmigo los grandes logros admirándome por los avances pero con la mente ansiosa y perfeccionista buscando alcanzar el 100% de este tema, aunque sé que el 100% no existe porque el amor propio es un camino que no termina y que siempre hay que trabajar.

Febrero y un caos: Parte 2

Mi psicóloga me dió la opción de unas pastillas naturales para ayudarme con el torbellino que estaba sintiendo, llamándola la opción que menos recomendaba porque yo necesitaba descansar más que cualquier otra cosa.

No sé cuánto duré en terapia pero sé que lloré y me supliqué, sentí el dolor en el pecho , me sentí ahogada y superada por todo. Salí haciéndome la fuerte, más desahogada después de que me aseguraran que no estaba exagerando y que no estaba bien ¿Por qué adivinen qué? Mientras me derrumbaba seguía pensando que estaba exagerando y que era puro drama.

Salí con la cabeza en alto, haciendo mi mejor actuación para que mi psicóloga no insistiera en que fuera a urgencias a sedarme. Me subí al carro y ahi estuve 10 minutos pidiendo las pastillas a domicilio y alineando mis energías para manejar y no ponerme en peligro; llamé a mi mamá para conseguir el efecto más rápido, una vieja receta de niñez, la única persona que quiero que me vea invencible e imbatible por dos razones: para que no se preocupe por mí y para que no refuerce mi baja autoestima y los “no soy capaz” de mi mente.

Llegué a casa sin ganas de nada, comí para poder tomarme las pastillas más por deber que por ganas. Le escribí a una amiga par hacerle saber como estaba y después me refugie en la oscuridad de mi cuarto para dormir. El día siguiente me levanté sintiéndome mas centrada, lo tomé todo con una calma nunca antes pensada, con un amor nunca antes visto como si en cualquier momento me fuera a deshacer (porque así era), me organicé para el trabajo y fui allá con la clara consigna de que no iba a actuar como si estuviera bien, continué con mi medicamento cad cierto tiempo sorprendiéndome por lo culpable y avergonzada que me sentía por haber llegado a ese punto.

Algo irracional y triste de mi, para mí. Pero después de años viviendo con esa voz, solo seguí adelante. Tomando las pastillas porque era eso o ir a que me sedaran, tendría que dar explicaciones y eso me mataba, no solo en el orgullo sino en mi autoestima. Me force a decirle a Inspiración que no estaba bien y que iba a estar lenta, narré el diagnóstico de mi psicóloga como si estuviera confesando un crimen, aun sintiéndome vulnerable y expuesta fui cruel conmigo.

Fue solo en la tarde de ese viernes que me sentí mas cómoda yo misma, esa que estoy acostumbrada a ser y realmente no se si soy. Pero, pude reírme de verdad, hablar sin esforzarme, preocuparme por otras personas, saborear los alimentos, disfrutar del contacto físico y sentir el fresquito de haber salido de una batalla.

No me engañe, sabia que la crisis no había pasado y continué tratándome con paciencia, teniendo un sube y baja de pensamientos, alguno de ellos me asustaron, pero era parte de todo lo que había reprimido y de alguna manera se habían podrido dentro de mí.

La semana siguiente no fue más fácil, pero la que siguió sí. Aprendí más de mi misma en esos últimos días de febrero de lo que me imaginé, pude ver que la autocompasión y el amor que tengo por mí es más de lo que mi cabeza me permite ver y que mis ganas de ser feliz y amarme, aceptarme y estar bien conmigo son más fuertes que todo lo demás.