Encontrar la tranquilidad y la relajación por fuera de mis jornadas laborales es algo que me está costando más de lo que alguna vez pensé. Ustedes no lo saben, porque definitivamente llevo mucho tiempo sin escribir y sin actualizarlos de mi vida, pero muchas cosas han cambiado.
Conseguí un trabajo nuevo, es un trabajo remoto y casi parece un trabajo soñado para muchas personas. Para mí a pesar de la libertad que significó y los cambios en mi vida, está muy lejos de ser algo soñado. Y no me malentiendan, no es que quisiera quedarme en el otro lugar donde estaba, la realidad es que este cambio de trabajo fue una forma de activarme muchas alertas en mi vida. En este momento no soy feliz donde trabajo y la causa principal es lo que genera en mí.
El nuevo trabajo al principio era un lugar que significaba un ambiente sano donde me tratan bien, donde estoy ganando más dinero, en donde estoy poniendo en práctica habilidades en las que he estado trabajando por mucho tiempo. Se volvió algo que realmente quiero mantener y eso mismo, lo hace una de las mejores y peores cosas que me han podido pasar. A este punto todas las emociones que me invaden pensando en este trabajo me abruman, me hacen sentir lo mejor y lo peor y a pesar de que quiero fieramente mantenerlo junto con las comodidades que me permite, siento que también estoy intentando sabotearme ¿por qué supongo esto?
Porque no paso de equivocarme, no paro de cometer error tras error, porque parece que tengo la potestad en mi de acabar con todo, porque no me adapto lo suficientemente rápido, porque detesto no ser perfecta a la primera y que siempre me esté haciendo falta algo, porque me es difícil que aunque me esfuerce al máximo siga sintiendo que mi desempeño es mediocre. He llegado al punto en el que las dudas son una constante, no sé si la cantidad de retroalimentaciones que se reciben son normales, pero para mí tanta retroalimentación es la muestra de que sigo haciendo las cosas mal, que sigue sin ser suficiente.
También me he dado cuenta de que mi salud mental cada vez tambalea más y eso me hace preguntarme que tanto vale la pena haber cambiado de trabajo, porque en lugar de haber avanzado siento que retrocedí y de alguna manera me metí en un infierno, personal, que resultó ser peor.
Quiero creer que no tengo la potestad para ser el inicio del fin de las cosas, un amuleto de mala suerte o algo por el estilo para el lugar donde estoy, me siento inexperta, pérdida y vulnerable. Tengo más dudas que certezas y todo el tiempo me estoy haciendo preguntas que así me respondan, siento que no tengo claridad. Tengo miedo todo el tiempo y las expectativas en lugar de disminuir se hacen cada vez más grandes y más pesadas con el único pensamiento de que si me esfuerzo más puedo compensar todos mis errores.
Se me hace imposible soltar, desahogar, dejar ir y no tomarme cada cosa que pasa personal. Me la paso pensando todo el tiempo en como puedo hacer para que esto mejore y por más que lo pienso no tiene una solución. La única respuesta soy yo, deconstruir la forma en la que pienso y estoy estructurada mentalmente: es irónico como puedo pensarme como un ser poco valioso y al mismo tiempo pensar que todo lo que pasa a mí al rededor está permeado por alguna decisión que yo tomé.
En retrospectiva, creo que esa es la señal que siempre he recibido del mundo a mi alrededor, esa de que no valgo nada, pero al mismo tiempo soy un factor de peso para todo lo que ocurre, no soy suficiente, pero al mismo tiempo debo ser suficiente. Es como la escena de la película de la Barbie:
“Es literalmente imposible ser mujer. Eres tan hermosa y tan inteligente, y me mata que no creas que eres lo suficientemente buena. Como, siempre tenemos que ser extraordinarias, pero de alguna manera siempre lo estamos haciendo mal.
Tienes que ser delgada, pero no demasiado delgada. Y nunca puedes decir que quieres ser delgada. Tienes que decir que quieres estar sana, pero también tienes que estar delgada. Tienes que tener dinero, pero no puedes pedir dinero porque eso es grosero. Tienes que ser una jefe, pero no puedes ser mala. Tienes que liderar, pero no puedes aplastar las ideas de otras personas. Se supone que te encanta ser madre, pero no hables de tus hijos todo el maldito tiempo. Tienes que ser una mujer de carrera, pero también estar siempre pendiente de otras personas. Tienes que responder por el mal comportamiento de los hombres, que es una locura, pero si lo señalas, te acusan de quejarte. Se supone que debes mantenerte bonita para los hombres, pero no tanto como para tentarlos demasiado o amenazar a otras mujeres porque se supone que eres parte de la hermandad. Pero siempre destaca y siempre sé agradecida. Pero nunca olvides que el sistema está amañado. Así que encuentra una manera de reconocer eso, pero también sé siempre agradecida. Nunca hay que envejecer, nunca ser grosera, nunca presumir, nunca ser egoísta, nunca caer, nunca fallar, nunca mostrar miedo, nunca salirse de la raya. ¡Es muy difícil! ¡Es demasiado contradictorio y nadie te da una medalla o dice gracias! Y resulta que, de hecho, no solo lo estás haciendo todo mal, sino que además todo es culpa tuya.
Estoy tan cansada de verme a mí misma y a todas las demás mujeres enredándose en nudos para gustarle a la gente. Y si todo eso también es cierto para una muñeca que solo representa a mujeres, entonces ni siquiera lo sé.”
Y es así como termino sintiéndome como hace 40 minutos, viendo la hora del reloj un domingo por la noche, percibiendo como la ansiedad se apodera de mí porque mañana no es un día de descanso y “paz”, es otro día de estrés, de no hacer las cosas bien, de ser buena, pero no suficiente, de entregar mi trabajo, pero siempre hay algo que falta. De seguir las reglas, pero fallar en algo porque había una regla que desconocía, de que me digan que lo estoy haciendo bien, pero que la actualidad sea todo lo contrario, de sentir el peso de la presión, de querer hacerlo bien y no ser un problema para nadie, pero aun así serlo. De que nadie esté satisfecho con lo que se le entrega, pero nadie sepa exactamente que es lo que quiere, de que el mundo no sea claro, que sea confuso, que no haya tierra firme.
No sé como acostumbrarme a la realidad de que las cosas no son ni serán como deberían ser, como se supone que sean. Me da ansiedad vivir en un mundo donde «conozco» las reglas, pero nadie las sigue, donde tengo miedo todo el tiempo, donde siempre me siento perdida, donde siempre me estoy equivocando aunque haga las cosas como me las pidieron, donde soy consciente de ese esfuerzo y esa energía perdida en intentar satisfacer y cumplir con las cosas como deben ser.