Proyecto de Vida

Por años siempre que escucho las palabras «Proyecto de Vida» me he sentido molesta e incómoda porque nunca he tenido claro qué quiero hacer y hacia dónde quiero ir, no porque sea mala planeadora sino que mi capacidad de frustración es muy baja, tengo miedo a equivocarme y reacciono de forma desproporcional en contra de mi misma cuando me equivoco o no tengo la razón. Por años me sentí como un balsa que va navegando sin rumbo, un poco después me sentí más fuerte como un bote que continuaba sin rumbo y ¿hoy? Probablemente siga siendo un bote no muy fuerte pero con una idea de ruta de navegación que aun luce muy confusa pero que finalmente existe.

El viaje a México me mostró una faceta distinta de mi que no había tenido la oportunidad de ver, me vi viviendo los momentos sin estar en automático pero tampoco abrumada por las voces ansiosas en mi cabeza, me vi siendo independiente y sin miedo de que algo me sucediera, me vi desconectada de mis problemas y dejándome ser, solté el freno de mano y probé comidas a lo loco, dije que sí sin pensarlo, flui sin temer a las consecuencias, me reí sintiéndome verdaderamente feliz. Sentí el mismo alivio que cuando fui la primera vez.

Iba por el viaducto con un poco de llovizna vislumbrada por el paisaje de una Ciudad de México lluviosa y caótica y le dije a Magia «Si la vida me trajera a vivir aquí, estaría bien con eso, siento que podría hacerlo» y más tarde cuando iba por las calles de Huajuapan de León con la tía de Magia al volante, ella me preguntó si viviría en México y sin dudarlo le respondí que sí. Cuando estaba en el aeropuerto sentada en una de las salas de espera intentando controlar mi llanto después de despedirme de Magia, mi corazón estaba hecho pedazos por tener que dejarlos y por tener que irme. Incluso cuando mi mejor amigo me pidió una reseña sobre el viaje mientras estaba en el avión de regreso a casa y le dije que tenia mucho por reflexionar con una serie de textos me dijo «En resumen, te quieres ir a México» y la verdad es que si fuera muy sincera tendría que decir que sí, porque a pesar de que mis emociones de libertad, independencia, felicidad y tranquilidad estén nublando mi juicio y sea también consciente de que no es lo mismo ir a un lugar por vacaciones en unas condiciones como las que fui a vivir en un lugar como parte de esas rutinas y responsabilidades diarias que conlleva estar permanentemente en un lugar.

Tal vez no sea solo México y tal vez sea el mundo, quizás me guste la experiencia de estar moviéndome y perteneciendo y a su vez no perteneciendo a los lugares, estando allí sin ser y siendo en las calles de un lugar completamente nuevo pero que te hace no querer regresar a tu lugar de origen. Porque pasaron 10 días y no estaba ni cerca de extrañar mi hogar, mi casa, mi trabajo o mis costumbres, me sentía incomoda porque me sentía una responsabilidad y carga de mi amiga (aunque ella dijo que no era así) pero me sentía feliz estando allí.

De lo que estoy segura es que volví siendo otra persona, una persona que me gusta aunque me preocupa aun no conectarme con mis ganas de trabajar, volví sintiéndome más ligera, más libre, más directa, más reflexiva, más agradecida, más consciente…Volví con el alma liviana y sintiéndome que la vida me pesaba menos, con más sabiduría y conexión con todo. Regresé cambiada y en el trabajo lo han notado, que estoy tomando el vivir con más calma porque si bien la vida es larga, el tiempo se pasa muy rápido. Sé que es momento de preocuparme por mi misma e intentar resolver los asuntos psicológicos que tienen que ver directamente conmigo y que he podido identificar, que tengo que ser mi porrista más grande porque existe gente que me quiere y hace cosas por la gran persona que soy peor tengo que comenzar a creérmelo para poder pensar en tener una pareja a futuro y también hijos.

Hace un año me encontraba en una crisis de valía profesional de la mano de una crisis de valía personal con un duelo por la muerte de mi padrino. Hoy estoy en la puerta de una crisis de identidad y una crisis existencial con una sonrisa en la cara, no porque esté preparada sino porque sé que cuando pase el huracán todo va a estar mejor.