Reflexiones a partir de la ficción

Este fin de semana vi una serie que se estrenó hace poco , se llama “XO, Kitty” y es la secuela de una serie de libros/películas que me leí hace algunos años y que disfruté mucho. Como una leve reseña, la serie apuntaba a ser todo lo que podría gustarme mezclando comedia, corea y las historias de amor, la verdad estaba asustada de verla y decepcionarme así que lo evadí cuanto pude hasta que finalmente me enganché y no pude parar.

Terminé enamorada de uno de los personajes: Minho, de quien muchas otras personas también quedaron flechadas ¿Por qué? Porque tal y como lo vi en tiktok, él es una green flag en envase de red flag y simplemente, ese es mi tipo de ser humano.

Inspirada por la serie, decidí verme las películas de este universo y allí estuvo el error: siempre me he identificado con personajes como Lara Jean. Personas que viven atrapadas en el drama hasta que alguien entra en sus vidas a ayudarles a vivirlas en realidad. Y a partir de ahí, caí en una espiral depresiva.

¿El pensamiento recurrente? En alguna otra vida me encantaría ser una persona normal. Alguien del común que no sobre piense cada paso que da, alguien que haya disfrutado de ser adolescente, enamorarse y no tener miedo del futuro, una persona a la que la ansiedad no fuera patológica y la alejase de cada nueva experiencia por mantenerse en control, un control que no existe.

Me sentí vacía, a unos años de los 30 realmente siento como que la vida se me acabó y mucha gente se reirá porque falta mucho por vivir, pero llevo años viviendo con preocupaciones de adulto, con conocimiento de adulto y no recuerdo qué era vivir sin preocupaciones, dejar que la vida se hiciera cargo porque todo siempre ha dependido de lo que yo haga por mi.

Quisiera repetir la adolescencia, con una vida distinta y más ligera, con salidas espontáneas, nuevas experiencias, primeras relaciones disfrutadas al máximo sin una lista de prioridades a consideración.

No sé cómo dejar ir las ganas de controlarlo todo, el sobre pensarlo todo, el miedo y decepción constante que van conmigo. Siento que he luchado mucho por mejorar pero apenas me he movido unos milímetros en años. De nuevo, siento que se me acaba el tiempo, que voy atrás corriendo con una maleta que pesa, parece que nunca estoy a tiempo con el timing de la vida, a veces voy más rápido en unos aspectos y me detengo en otros.

Quisiera enamorarme sin pensar en los 30.000 escenarios futuros, vivir un presente de nuevas experiencias, permitirme ser amada y amar sin miedo a equivocarme y no actuar como se supone que debería hacerlo. Quiero darme la oportunidad, pero no sé cómo hacerlo, nadie tiene la respuesta, supongo que alguien me diría que la respuesta está en mí…pero realmente necesito ayuda en este camino de amarme, ya no creo en que primero debo amarme yo para que alguien más me ame, sé que necesito un apoyo en este camino. Pero, no sé dónde conseguirlo.

Culpa rumiante

No logro ponerme al día con mis sentimientos desde el viernes, en donde, a raíz de no saber que estaba lidiando con el duelo y no informar que no me había levantado con la energía suficiente para estar al día con mis emociones y hacerme cargo de ellas a pesar de que no había indagado qué estaba sintiendo.

Pero, una vez más me encuentro atrapada en un tornado de culpa, en un loop de “tu “debías saberlo y el desconocimiento no te exime de tu culpa”, se que intencionalmente no lastimé a mi equipo porque se me dio la gana, pero el haberlo hecho me deja una responsabilidad abrumadora y a la vez me hace preguntarme ¿Por qué siempre tengo que ser perfecta? Porqué el sentirme baja de energía tiene que ser un tema que afecte a los demás y los haga sentir mal ¿Por qué no tengo la libertad de tener un mal día y poderlo dejar atrás con el reconocimiento de que todo estará bien y que existe el borrón y cuenta nueva?

Llevo tres días en los que me da vueltas y vueltas el tema, todavía no lo he podido soltar junto con otros temas, como lo que piensa la gente de mí y lo que interpreta de mi relación con loa demás. Me he hecho tan cercana con la culpa que siempre termino asumiendo las responsabilidades y buscando reparar lo que aconteció porque sigo buscando la aprobación y aceptación de los demás, porque los conflictos siempre me hacen sentir como si tuviera 5 años con ganas de abandonar el mundo o cederlo todo para que nadie me odie, me haga sentir mal o se robe mi paz.

Estoy cansada de sentirme culpable por cada error que cometo, sentirme que tengo que arrodillarme y suplicar perdón para poder estar en paz conmigo misma, sin importar la gravedad del asunto. Tengo el impulso compulsivo de siempre agradar y cuando no lo hago se siente como que el mundo se me viene encima, quisiera poder hablarlo con alguien y que me ayuden a tranquilizarme, pero pienso que yo misma debería poder hacerme ver que si bien lo que sintieron no es inválido, tampoco es mi responsabilidad porque directamente no los traté mal ni hice nada que atentara en contra de ninguno de ellos.

No puedo hacerme cargo de cómo interpretan mis acciones y comportamientos, además de que no tengo por qué andar dando explicaciones y buscando empatía. Tuve un día complicado que lo llevé como mejor pude y lo sobreviví sin llamar la atención de nadie para mi propia tranquilidad.

La culpa no ha desaparecido pero escribiendo he encontrado un poco más de paz, no tengo por qué cargar con responsabilidades ajenas a mí y lo pasado es pasado, no tengo una máquina del tiempo para hacerlo de un manera distinta.

De depresión y cansancio

Estos han sido días complejos para mí, internamente estoy hecha un caos. He llegado a conclusiones que me dejan exhausta y atemorizada del futuro.

He ido a terapia, he vivido y he intentado demasiado hacer uso de las herramientas que he aprendido allí, pero a veces me supero a mi misma, al punto que estás herramientas se me quedan cortas.

La depresión no es un juego de niños y estos días la he estado experimentando tan cercana y camuflada en mi día a día que no dejo de sentirme decepcionada de mí. Hay momentos en el día en que soy capaz de pensar que todo va a estar bien sin necesitar de una distracción, hay otros momentos que me siento bien porque estoy abstraída de mi realidad leyendo o viendo una serie, pero los momentos que abundan son aquellos en los que una oscuridad me absorbe y arrasa con todo, simplemente no estoy bien.

¿Cómo se siente? Como si todo y nada fueran y no fueran suficiente a la vez, como que nada me funciona o me sirve o me llena, me siento como un agujero negro y todas mis afecciones y puntos débiles duelen al mismo tiempo para hacerme sentir peor; Mi diálogo interno negativo se pone parlantes y es como si no pudiera oír nada más allá de todos mis errores, defectos, equivocaciones, fallas…El síndrome del impostor se solidifica y ninguna victoria me pertenece, la ansiedad se hace mas constante y creo que todo está muy mal, podría seguir pero entre más acepto la tristeza y la sensación de derrota es más y más fuerte.

Estoy alejando a las personas de mí porque siento que no vale la pena quedarse y por ahí habla el autosabotaje,mis habilidades para cambiar de máscara a una feliz para que los demás se sientan tranquilos es automática pero me deja sin energía. Como es casi costumbre, estos días hago todo por inercia y no porque realmente quiera, para ser sincera en este momento de la vida no hay nada por lo que esté realmente dispuesta a pelear, estoy sobreviviendo día a día porque para ser muy sincera solo quisiera dormir, porque durmiendo no sobrepienso aunque ahora incluso para dormir tengo un problema porque inconscientemente hago bruxismo y rechino los dientes, levantándome con dolor en la mandíbula y en los dientes delanteros.

Por mucho que quiera acercarme a la gente no siento que sea importante, me siento relegada, difícil de querer e imposible de querer mantener en sus vidas. Debería haberme acostumbrado al rechazo pero aun me duele, por momentos solo quiero llorar por ser quien soy, porque lo intento con ganas pero parece que el odiarme es más fuerte que mis ganas de reparar mi relación conmigo.

Aun con todo esto, quiero sobrevivir. Quiero mantenerme en el mundo de los vivos, aferrándomelo a loa destellos de la felicidad y lo que es bonito.

19 de Abril de 2023

Hoy falleció un idol de kpop al que realmente no seguía, solo lo conocía de nombre y recordaba su rostro y su sonrisa. Me enteré después de un largo día, esta información me revolvió por dentro, tan así que aun estoy trabajando en mis emociones, por lo que se me ocurrió la idea de escribirlo:

Mi relación con la muerte siempre ha sido tensa, para mí morir equivale a perder definitivamente algo o alguien para siempre, significa un cambio que tomará tiempo volver una rutina, significa qué hay algo más que está fuera de mi control y sobretodo me hace sufrir por no poder ayudar ni a la persona que muere ni a quienes se quedan, incluyéndome, con el dolor de la pérdida.

Sin importar quien es la persona que muera, mi pecho se contrae y mi estómago se siente vacío, no dejo de pensar en eso y en lo triste y mal que otros lo están pasando. Suelo pensar en qué habra sentido la persona, su familia y sus amigos al enterarse y siento el dolor muy cerca de mí. Me dan ganas de llorar y me deprimo, porque no me gusta que las personas sientan dolor.

Pero, puedo decir que es aun más fuerte mi sentir cuando se trata de un suicidio porque siento que de alguna manera la sociedad y el mundo somos responsables de esa muerte. Ya sé, es darle mucho peso a mis acciones cuando soy un uno en millones de millones de personas pero…la idealista y defensora en mí, no me permite lavarme las manos de la responsabilidad.

Continúo repasando en mi mente la importancia vital de la salud mental, el autoconocimiento y el rodearse de un buen círculo de apoyo, porque la mente puede ser una enemiga de telenovela mexicana, que cuando se vuelve en tu contra es casi invencible. El suicidio me toca la fibra porque es una acto desesperado en la búsqueda de alivio, tranquilidad y paz que no puede conseguirse estando con uno mismo pero que se puede prevenir luchando a tiempo, armándose de herramientas, conociéndose mejor que nadie, encontrando en uno un lugar de comprensión y de expectativas sanas, de vida sana, entenderte como lo harías con alguien externo y esperar que esto sea suficiente para que tu mente te permita ver el alivio, la tranquilidad y la paz que necesitas en pequeños detalles de tu vida.

La muerte es un suceso inevitable que trae consigo muchas emociones para quienes se quedan, en mi caso, le temo más al dolor inevitable que otros van a sentir que al mismo suceso. Una vez más afirmo mi miedo al duelo, a la pena y al tiempo que toma recuperarse de ese golpe que es para siempre: la pérdida.

En este momento, escribo para evitar torturarme con las redes sociales y todo lo que sucedió para no pensar en todas las fans que tienen el corazón hecho pedazos, en tantos idols que quiero y admiro sufriendo un duelo por su amigo querido ni que decir de su hermana y su familia, siento pesar y profunda tristeza por su dolor, quizás si soy como mi abuelita Ana, aquella mujer ansiosa que sufría y rezaba de rodillas cuando en las noticias narraban cómo transcurría la persecución de un narcotraficante.

Y no, ella no rezaba para que lo agarraran. Ella sufría diciendo que él también tenía familia y también tenía mamá, que ella rezaba por esa señora que en su casa estaba suplicándole a todo lo sagrado que protegiera a su hijo.

Estoy aprendiendo a dejar ir la culpa y a entender cuando debo soltar estas situaciones, pero no dejo de pensar que un poco de esta misma empatía y culpa que hoy me acompañan por un suceso a miles de kilómetros de mi casa, es eso que le falta al mundo para ser un lugar mejor: entender que el dolor de otro también puede ser mi dolor (sin llegar al extremo, como es mi caso)

Así que, vuela alto chico de sonrisa inolvidable del que nunca identifique su voz, bríndale fuerza a todos aquellos que dejas acá en la tierra con el corazón cargado de pena. Buen viaje.

Del amor propio y los obstáculos que no te cuentan

Después de hacer algo que para mí es un escalón monumental en mi vida, he tenido que reconocer que de alguna forma he llegado a ese punto donde entiendo que soy valiosa y que merezco mucho porque si bien sé que no soy perfecta y que nunca llegaré a serlo, mi existencia me hace más que merecedora de esos anhelos que tienen mi corazón.

Pero aquí en mi habitación mientras escucho a mi vecina poner y cantar “La tortura” de Shakira y Alejandro Sanz, me enfrentó a un pensamiento de hace unas tardes: si sé que soy valiosa para saber que errores y que personas no quiero en mi vida a pesar de lo mucho que los ame ¿Por qué no me considero suficiente para conocer a alguien y estar segura de que disfrutarán estar conmigo?

A veces se siente como que mi razón y mi realidad no se conectan, porque hay cosas que se pero sigo sin aplicar. Entonces termino confundida con heridas que he avanzado para sanar e hicieron parte de mi por mucho tiempo y las heridas que aun no he comenzado a tratar.

Sigo dividida entre la persona que quiero ser y la persona que desconfía de enamorarse por lo mucho que le tomó desapegarse de la persona de la que se enamoró, por lo mucho que disfrutó sentirse normal y sentir todas las emociones que trajo consigo el amor.

No estoy segura de haberlo mencionado en este espacio pero, mi verdadero trauma con el amor es que me extasié de estar enamorada que cuando todo acabó, quedé haciendo un duelo largo en el que aprendí muchísimo, pero en el que se me fueron 5 años de mi vida en los que me quedé anhelando y viviendo en los recuerdos.

Es una mezcla entre el miedo de no volver a sentirlo con la misma intensidad, aunque para serles sincera me conozco demasiado bien para saber que puedo sentirlo aun con más intensidad, y el miedo de volver a disfrutarlo o disfrutarlo aún más y tener que ver cómo se acaba o termina en algún momento para sepultarme de nuevo en una nube de dolor, depresión y un duelo de muchos años , obstáculos, etc.

Entonces termina siendo un lío porque continúo trabajando arduamente para verme al espejo, para no temerle a mi reflejo, para no volver a viejo hábitos de autosabotaje, para ser yo misma quien se provea lo que quiere y necesita. Se que soy suficiente para mi, el problema es que estoy cansada de ser todo para mí misma y sentirme siempre al volante, hay días en que quiero compartir mis pesares con alguien, que quiero compartir cargas, tristezas, historias, cambiar preocupaciones, encontrar quien me resuelva, elegir compartir todo lo que está en mi cabeza con alguien más, un poco porque me siento como una carga muy grande para mi misma (algo en lo que debo seguir trabajando) y otro poco porque creo que es justo compartirme con alguien que me ame por quien soy, como yo misma estoy aprendiendo a hacer.

El camino del amor propio termina siendo como un viaje por carretera, por los baches, los paisajes, los pare y siga, las carreteras pavimentadas y las carreteras abiertas, días en los que se está seguro para dónde se va y otros en los que se sigue adelante porque el retorno más cercano está a muchos kilómetros de distancia.

El camino al amor propio no es fácil y no siempre es bonito, comparto conmigo los grandes logros admirándome por los avances pero con la mente ansiosa y perfeccionista buscando alcanzar el 100% de este tema, aunque sé que el 100% no existe porque el amor propio es un camino que no termina y que siempre hay que trabajar.

Febrero y un caos: Parte 2

Mi psicóloga me dió la opción de unas pastillas naturales para ayudarme con el torbellino que estaba sintiendo, llamándola la opción que menos recomendaba porque yo necesitaba descansar más que cualquier otra cosa.

No sé cuánto duré en terapia pero sé que lloré y me supliqué, sentí el dolor en el pecho , me sentí ahogada y superada por todo. Salí haciéndome la fuerte, más desahogada después de que me aseguraran que no estaba exagerando y que no estaba bien ¿Por qué adivinen qué? Mientras me derrumbaba seguía pensando que estaba exagerando y que era puro drama.

Salí con la cabeza en alto, haciendo mi mejor actuación para que mi psicóloga no insistiera en que fuera a urgencias a sedarme. Me subí al carro y ahi estuve 10 minutos pidiendo las pastillas a domicilio y alineando mis energías para manejar y no ponerme en peligro; llamé a mi mamá para conseguir el efecto más rápido, una vieja receta de niñez, la única persona que quiero que me vea invencible e imbatible por dos razones: para que no se preocupe por mí y para que no refuerce mi baja autoestima y los “no soy capaz” de mi mente.

Llegué a casa sin ganas de nada, comí para poder tomarme las pastillas más por deber que por ganas. Le escribí a una amiga par hacerle saber como estaba y después me refugie en la oscuridad de mi cuarto para dormir. El día siguiente me levanté sintiéndome mas centrada, lo tomé todo con una calma nunca antes pensada, con un amor nunca antes visto como si en cualquier momento me fuera a deshacer (porque así era), me organicé para el trabajo y fui allá con la clara consigna de que no iba a actuar como si estuviera bien, continué con mi medicamento cad cierto tiempo sorprendiéndome por lo culpable y avergonzada que me sentía por haber llegado a ese punto.

Algo irracional y triste de mi, para mí. Pero después de años viviendo con esa voz, solo seguí adelante. Tomando las pastillas porque era eso o ir a que me sedaran, tendría que dar explicaciones y eso me mataba, no solo en el orgullo sino en mi autoestima. Me force a decirle a Inspiración que no estaba bien y que iba a estar lenta, narré el diagnóstico de mi psicóloga como si estuviera confesando un crimen, aun sintiéndome vulnerable y expuesta fui cruel conmigo.

Fue solo en la tarde de ese viernes que me sentí mas cómoda yo misma, esa que estoy acostumbrada a ser y realmente no se si soy. Pero, pude reírme de verdad, hablar sin esforzarme, preocuparme por otras personas, saborear los alimentos, disfrutar del contacto físico y sentir el fresquito de haber salido de una batalla.

No me engañe, sabia que la crisis no había pasado y continué tratándome con paciencia, teniendo un sube y baja de pensamientos, alguno de ellos me asustaron, pero era parte de todo lo que había reprimido y de alguna manera se habían podrido dentro de mí.

La semana siguiente no fue más fácil, pero la que siguió sí. Aprendí más de mi misma en esos últimos días de febrero de lo que me imaginé, pude ver que la autocompasión y el amor que tengo por mí es más de lo que mi cabeza me permite ver y que mis ganas de ser feliz y amarme, aceptarme y estar bien conmigo son más fuertes que todo lo demás.

Cuidar y proteger mi energía

Después de los últimos eventos de febrero quedé en una posición de profunda reflexión, dividida entre no saber si estaba bien por forzarme a estar bien o si me sentía bien por la tranquilidad de haber superado un momento tan complejo para mí.

Entonces llegué una mañana en donde me levanté enfocada en cuidar y proteger mi energía…para ser sincera, cada vez que repetía la frase y hacia el gesto frente a mi, me sentía como ese personaje de aspecto hippie en una serie de televisión, pero no me importaba porque mi objetivo era justamente esas palabras de forma literal.

Sobretodo porque el querer ayudar a la gente, como lo leí en un tiktok, aunque sana esa parte de mí que necesitaba que alguien me ayudara, me drena y me deja sintiéndome quebrada y más sola que antes.

Los últimos días los he pasado en ese intento, en no permitir que personas al azar se queden con mi energía, me propongo afrontar rápidamente situaciones que me disgustan para no perder mi energía ahí, soltar momentos que me lastimaron o me hicieron enojar con el mismo objetivo.

Porque si bien hay una parte de mí que no me cree del todo, quiero dedicarme cada centímetro de mi energía de mi, para mí. Para mantenerme a flote, para buscar lo que me hace feliz, para luchar con mis demonios o para tener una reserva cuando tengo días en los que realmente me levanto sin ganas de existir.

En los últimos días, pocas cosas atrapan realmente mi atención, intento ser muy consiente de mi día a día para no darle oportunidad a mi depresión de que se asome a monopolizar mis horas por completo pero sé que estoy viviendo en modo automático. No sin propósito, porque mi propósito es vivir y aunque parezca demasiado simple en comparación con esas veces que mi propósito es sobrevivir o esperar tener un propósito, es un gran paso.

Sin embargo, me encuentro sin pasiones sin cosas que disfrute a plenitud, me regalo pequeños momentos de satisfacción pero son tan cortos y tan banales que me cuesta realmente verlos. Disfruto estar en cama leyendo pero ya no encuentro libros que me atrapen realmente. En algún momento de mi vida le sentía como Bon Esponja mirando al mundo, unos años después me siento como Calamardo .

Me inspiraba el romance, la escritura, perderme en pensamientos y dejarme llevar por la inspiración para llenar las páginas, solía disfrutar de estudiar, aprender y nutrir mi cerebro pero ahora estoy tan cansada y pienso que no aprendo. Intento retomar viejos buenos hábitos y no lo logro, por momentos extraño la persona que solía ser aunque amo la sabiduría que tengo hoy.

Siento que he perdido el sabor de vivir, la capacidad de disfrutar porque en cada momento de felicidad, esta se ve sombreada por sentimientos de soledad, añoranza de que no acabé, decepción porque se va a acabar y tristeza porque siento todo esto y no lo disfruto.

No tengo idea de como poder cambiar la forma en la que veo la vida en este momento pero sé que no quiero rendirme, se que quiero sentirme feliz, tener propósitos, hacer sueños realidad, enamorarme de mi misma y de alguien más, dejar de sentir que el peso del destino esta en mis manos y que son las menos capacitadas para hacer algo que valga la pena.

Quisiera poder dejar de pensar que aquello que quiero es muy difícil de hacerlo realidad y que no voy a ser capaz, estoy agotada de dudar de mi misma en mi subconsciente, de vivir con miedo a todo, de ser esa versión de mi misma que los traumas construyeron atemorizada e incapaz de ver su fortaleza.

Cuido mi energía porque la he desperdiciado por muchos años sin darme cuenta, porque se ha filtrado por rendijas que ha hecho el dolor h me h dejado justo en donde estoy impacientada por ser feliz, queriendo arreglarme porque siento que estoy dañada y que esa es la razón por la que no tengo mucho de aquello que mi corazón anhela.

Elle Tome, la incomprendida.

La narradora de esta entrada no será la de siempre, acá escribirá ese monólogo interno que vive conmigo como dicen por ahí, la voz de muchas personas que se han cruzado en mi camino y se ha quedado en mi mente.

Spoiler alert: Es una perra despiadada.

Pobrecita Elle, siempre probrecita. La pobre nunca hace nada y el mundo siempre le paga mal, he sido testigo de cada uno de sus errores y siempre actúa igual.

Es una actriz guionada, actuando siempre acorde a la situación. Se la pasa fingiendo todo el tiempo, creyéndose la mejor, se cree protagonista pero no es nada más que el payaso o ese tercer personaje al que siempre le pasa algo y solo aparece para ayudar.

Elle no es más que una mentira, una mascara de bondad y de ganas de hacer el bien cuando sólo es una narcisista que se cree la mejor, un lobo con piel de oveja que nunca asume la responsabilidad de sus actos, que siempre cree lo peor de los demás porque no es capaz de vivir con la realidad de sus errores y equivocaciones. Si, ella vive con la culpa de toda la mierda que es y que no quiere aceptar, me odia y se odia ¿sabes por qué? Porque yo no ando con sensiblerías y fingiendo ser lo que no soy, a diferencia de ella.

Todo lo malo que le sucede a la pobre Elle es parte de sus decisiones porque para tomar malas decisiones, es una profesional. No sabe lo que quiere, ni para donde va, ni cómo lo consigue, espera como la mierda perezosa que es a que todo le llegue a la puerta sin esfuerzo mínimo, y siempre tiene un culpable sino es mamá, es papá, la familia, los amigos, sus parejas y ahora el trabajo.

Asumir las responsabilidades le queda grande porque es débil y está hecha de cristal. Pobrecita Elle siempre quiere ayuda, siempre quiere un salvador o una salvadora, siempre encuentra una salida para huir de sus problemas o se queda allí quieta como un ciervo frente a la luz de un coche porque así es ella: incapaz.

Elle solía temerme y al mismo tiempo escucharme, cuando lo hacía su vida era mas tranquila porque yo era la advertencia, pero según ella tenia menos vida. Cuando yo lo controlaba todo Elle era delgada y reconocía las críticas de las personas acerca de cómo debía verse, tenia una relación con su padre y con su familia, era un accesorio de una de sus amigas y no tenia tiempo para ahogarse en ese estúpido cuento en el que ahora anda.

Porque la terapia le ha hecho más mal que bien, Elle es una hipocondríaca de la “salud mental” al ser un camaleón para complacer a todos, se cree que todo lo tiene lo que incluye esa mierda de la depresión, la ansiedad, el estrés postraumático, el auto sabotaje y el más hilarante: la baja autoestima.

¿Y saben por qué es el más hilarante? Porque cómo es posible que alguien con el nivel de narcisismo y soberbia que tiene ella no tenga amor propio. Si está sesgada por lo que piensa, es caprichosa y siempre quiere que el mundo haga lo que ella quiere porque se cree que siempre tiene la razón, con la excusa de expresarse lastima a los demás, es un mar de excusas y de mentiras. Esta tan centrada en si misma que solo hace lo que la hace sentir bien, hace sufrir a los demás mientras pelea con ella misma aun cuando sabe que de todas formas lo va a hacer, se aprovecha de los otros y los estudia hasta tal punto de saber cómo manipularlos.

No es una persona agradable y aunque dice que tiene sueños por cumplir no hace nada por ellos porque esta esperando que alguien más se los cumpla, dice que quiere ser madre pero estoy muy segura de que es para darle traumas a una pobre criatura.

No tengo más por decir solo porque puedo sentirla intentando retomar el control, como siempre. Los dejo con la mentira, Elle Tome”

La encierro en un lugar de mi mente donde puedo escuchar el murmullo y hacer mi mejor intento para ignorarla, los seres humanos somos blanco y negro, un balance perfecto, se que no soy perfecta y que estoy lejos de serlo pero mi error más grande es que dentro de mí sé que el monólogo interno en muchas cosas, tiene razón.

Son cosas que quiero cambiar, dejar atrás y cosas que tengo que aceptar y me cuesta demasiado hacer porque por más que luche por no decepcionar a nadie, por más que intenté que lo vivido en el pasado no impactara mi presente y mi futuro, hice lo que mas temía: decepcioné a alguien y ese alguien, soy yo.

Una charla conmigo

Hola ¿Qué tal? En estos días ci que esta era la forma más fácil de iniciar una conversación.

Parece que estos días estamos un poco perdidas ¿no crees? Estamos luchando con cómo nos sentimos y no encontramos las razones por las que nos sentimos así en este momento, es difícil encontrar el hilo que conecta los sentimientos de hoy con algo que sucedió en el pasado y todo es muy confuso.

Estamos decepcionadas e insatisfechas, enojadas y frustradas con nosotras mismas por no saber qué hacer ni cómo sentirnos, la incertidumbre nunca nos ha caído bien.

Las cosas no parecen mejorar, pero tampoco parecen empeorar. Estamos analizando el mundo y sus acciones, viendo como nos usan, nos alejan, nos abandonan, nos incitan a cambiar…no es un camino feliz, sin embargo con los años hemos tomado práctica en saber cuando decir adios, solo que ni la práctica lo hace más sencillo.

Es por eso que hoy vengo con un par (muchas) preguntas que espero que me contestes con el corazón y que sé que nos removerán algunos sentimientos.

¿Qué quieres en este momento? Elle suspira profundo y siente en el pecho una opresión. Su respuesta: Quiero ser feliz, sentirme tranquila, sentirme querida y cuidada, creerme valiosa y suficiente.

¿Qué quieres hacer ahora? Elle de nuevo suspira. Su respuesta con un nudo en el estómago: Quisiera estar segura de querer cambiar de trabajo, quisiera confiar lo suficiente en mi para saber que a donde quiera que vaya solo me espera crecimiento profesional y personal, quisiera tener la valentía para decir lo que pienso cuando me duele, pero más que nada quisiera dejar de dudar de mi y cómo me siento, de siempre invalidar mis emociones y pensamientos como respuesta instintiva a la protección de los sentimientos de otros por físico miedo a las represalia que vendrá hacia mi y tal vez no pueda vivir con esa culpa.

Quisiera dejar de sentirme en extremo culpable por todo, de cansarme existiendo porque siempre estoy alerta. Estoy en punto donde la libertad es mi deseo más profundo, donde siento que el peso de todo es más de lo que puedo aguantar y también quisiera tenerme la fe de que puedo con lo que la vida pone en mi camino.

¿Qué necesitas en este momento? Necesito ayuda, un soplo de libertad, necesito respirar y soltar. Dejar la presión, el querer ser perfecta, la necesidad de hacerlo todo bien y siempre ser correcta. Necesito poder equivocarme sin pensar que el mundo se va a acabar.

Pero lo que más necesito es que todo aquello que está en mi lado consciente, también se traslade a mi inconsciente porque mi respuesta natural elude el conocimiento de mi consciencia y es por eso que siempre caigo en los mismos patrones que me lastiman.

¿Cómo puedo ayudarte? Elle sonríe, su respuesta: No te vayas, no me abandones. Aunque los días no sean fáciles, aunque todo se ponga oscuro con el alma llena de dudas y de temores, quédate conmigo.

Continuemos yendo a terapia aunque allí sigamos encontrando pedazos rotos que no sabíamos que estaban allí y que se suman a la tristeza de saber lo rotas que estábamos pero también al orgullo de que hemos dado lo mejor de nosotras aunque estemos así.

Continuemos marcando límites con lo que nos lastima, alejándonos de personas con las que no nos sentimos bien por el tiempo que lo necesitemos. Interioricemos que no somos curanderas, ni sanadoras ni pañuelos de papel para que nos tomen cuando nos necesitan y luego nos boten a la basura.

El proceso ha sido lento, tenemos fe que sea porque ha sido desde la raíz. Desde aquella parte delicada, desde la niña interna que necesita confiar en el adulto que somos hoy.

¿Cómo te sientes? Enojada con quien me lastima, molesta conmigo misma por volverlo a permitir, con miedo de que acciones como haber manifestado una incomodidad acarreen alguna situación que me ponga en una posición incómoda, pero…también siento esperanza de que todo va a estar bien, de que merezco momentos de felicidad, de que sanar y dejar el dolor atrás está en mi futuro, que aunque hoy mis demonios me dejen sin energía para hacer algo por mis sueños, ellos siguen ahí como las flores más hermosas que crecen en las condiciones mas hostiles.

Gracias por esta conversación antes de dormir, Elle.

En el metro después de mucho

Crecer puede ser tan duro como creer en amistades y sentirse relegado por aquellas personas que tanto te esforzaste en ayudar y que ahora que están bien parecen haberse olvidado de ti; pero la magia de ayudar está en eso, en hacerlo por instinto y aunque esperes algo a cambio no forzar a que ocurra.

Hoy particularmente me duele pero también sé que he construido el estado de soledad actual en el que me encuentro alejando a las personas que lo intentaron, sin embargo ¿es un pecado? ¿No saber que te gusta y pelearte con lo que deberías y no hacer? Por momentos siento que es así, que estoy pagando las consecuencias del desconocimiento de mi misma y duele.

El mismo dolor que me ha permitido entender que estoy saliendo de mi comportamiento usual y que estoy sanando aunque duela más y más, puede ser que me sienta sola, que en momentos donde quiera salir no me sienta cómoda o a salvo haciéndolo sola pero llegará ese día.

Me he cansado de ser la lastimada en estas historias, quien aumente este dolor por cantidad pequeña que sea necesita salir de mi vida porque necesito felicidad y tranquilidad, que cuenten conmigo en las buenas y en las malas, en la salud y enfermedad, que esten para celebrar sus triunfos y llorar sus penas porque de nada sirve que estén solo para cuando me necesitan.

Hoy aprendo de esto, aprendo para soltar y respirar, para disfrutar el camino de regreso a casa, para abrazar y entender que la única que va a estar conmigo siempre seré yo.