Hay días como hoy en que me siento desesperada, días en que siento que estoy estancada y que no voy para ningún lado, días en que me preocupo y me estreso al pensar en el futuro.
Y en días como este he aprendido que primero debo tomarlo con calma y no seguir con la línea de pensamientos ansiosos que no me dejan nada bueno, me lo he repetido varias veces «tomalo con calma y no vayas por ahí» y la voz en mi cabeza me dice «recuerda que no debes rechazar tus sentimientos y que debes aceptarlos» por lo mismo, los entiendo y me escucho no obligándome a sentirme bien pero forzandome a mantener mi atención en otra cosa porque pensar y darle vueltas a lo mismo no me deja nada bueno, solo frustración e impotencia.
En días como hoy me cuesta pensar que la vida tiene un ritmo y que es diferente por cada persona, me siento estancada al mirar a los demás y compararlos conmigo, cosa que ya se que esta muy mal porque yo soy yo y mi vida es mi vida. Pero todos tenemos días así, días donde la esperanza vuela por la ventana, donde pensamos demasiado y nos sentimos estancados. Crecer es este tipo de cosas una y otra vez, la adultez es estar en una constante incertidumbre de la que somos muy consciente y solo muy inútiles porque la vida es incierta para todos aunque algunos parezcan manejar mejor todo.
Hoy no me siento esperanzada en absoluto, me siento frustrada e impotente con mi vida, me siento como un barco estancado en una costa y está bien sentirse así una que otra vez. Voy a estar mejor cuando me dé cuenta de que poco a poco estoy navegando, a mi ritmo y en la dirección que debo ir, cada quien tiene la suya y la mía es lenta y constante ¿hacia donde voy? No tengo idea pero de lo que si no me queda duda con frustración o no, es que el destino está ahí aunque yo no sepa cuál es.