Abril: Aquí vamos otra vez.

Parece que nunca tengo tiempo de hacer mucho de lo que antes disfrutaba hacer, solo porque no le saco el tiempo. No sé en qué momento se volvió tan difícil escribir y poner en algún lugar mis pensamientos, y aunque no sé el momento, sé más o menos bien la razón: sigo intentando no lidiar y no darle la cara a lo que estoy sintiendo.

Con los años verme y entenderme se ha vuelto más difícil porque cada vez es más el bagaje que descubro que me ha acompañado y para mí misma me he convertido en un peso interesante. Antes solía entenderme completamente, pero en terapia descubrí que solo estaba entendiendo una capa de mí y que todo lo demás estaba bien escondido en zapas y capas de trauma. Capas que para ser sincera son muy complejas de aceptar.

En mi mente abril y mayo estuvieron compactados en uno solo, no recuerdo cuando comenzó uno y cuando terminó el otro, fueron meses en los que mi vida social estuvo más activa de lo normal y fui feliz. Disfrute al máximo de compartir, de verme con las personas importantes en mi vida, de hacer planes distintos y vivir experiencias que nunca antes pensé vivir, este mes me gustó hasta que el mundo comenzó a sentir que volvía en un ritmo lento al que estaba acostumbrada.

Pasó mucho y a la vez no pasó nada, Magia vino de México y no fue una experiencia tan placentera como la esperaba, mi amistad con Valentía sigue tomando un rumbo en el que nunca sé si estar tan bien durará por mucho tiempo porque nunca encontramos un ritmo agradable, simplemente o nos vemos mucho o dejamos de vernos por mucho tiempo (y no estoy segura de que tanta responsabilidad me corresponde en esa situación).

En otras noticias: estoy saliendo con alguien. Es un ser humano que estoy conociendo con cosas positivas y cosas no tan positivas; sin embargo, lo más importante es cómo me he estado sintiendo con esta situación. A su lado, siento como si hubiese pasado mucho tiempo desde que estamos “saliendo”, el espacio-tiempo con él se altera.

A 28 de abril no me siento bien, me siento cansada y con constantes ganas de dormir, mis ganas de trabajar cada vez se hacen menos y la ilusión de ir a trabajar palidece lentamente, solo el día de ayer dejé un suéter que me había regalado mi mamá y estaba teniendo un ataque de ansiedad. Me siento al borde, los pensamientos intrusivos están tomando más fuerza, es como si algo dentro de mí comenzara a tragarse la luz de a pocos. Tengo mucho sueño y realmente estos últimos días he estado durmiendo correctamente, peor la culpa, la sensación inminente de que algo va a pasar, están conmigo apenas abro los ojos.

Febrero y un caos: Parte 2

Mi psicóloga me dió la opción de unas pastillas naturales para ayudarme con el torbellino que estaba sintiendo, llamándola la opción que menos recomendaba porque yo necesitaba descansar más que cualquier otra cosa.

No sé cuánto duré en terapia pero sé que lloré y me supliqué, sentí el dolor en el pecho , me sentí ahogada y superada por todo. Salí haciéndome la fuerte, más desahogada después de que me aseguraran que no estaba exagerando y que no estaba bien ¿Por qué adivinen qué? Mientras me derrumbaba seguía pensando que estaba exagerando y que era puro drama.

Salí con la cabeza en alto, haciendo mi mejor actuación para que mi psicóloga no insistiera en que fuera a urgencias a sedarme. Me subí al carro y ahi estuve 10 minutos pidiendo las pastillas a domicilio y alineando mis energías para manejar y no ponerme en peligro; llamé a mi mamá para conseguir el efecto más rápido, una vieja receta de niñez, la única persona que quiero que me vea invencible e imbatible por dos razones: para que no se preocupe por mí y para que no refuerce mi baja autoestima y los “no soy capaz” de mi mente.

Llegué a casa sin ganas de nada, comí para poder tomarme las pastillas más por deber que por ganas. Le escribí a una amiga par hacerle saber como estaba y después me refugie en la oscuridad de mi cuarto para dormir. El día siguiente me levanté sintiéndome mas centrada, lo tomé todo con una calma nunca antes pensada, con un amor nunca antes visto como si en cualquier momento me fuera a deshacer (porque así era), me organicé para el trabajo y fui allá con la clara consigna de que no iba a actuar como si estuviera bien, continué con mi medicamento cad cierto tiempo sorprendiéndome por lo culpable y avergonzada que me sentía por haber llegado a ese punto.

Algo irracional y triste de mi, para mí. Pero después de años viviendo con esa voz, solo seguí adelante. Tomando las pastillas porque era eso o ir a que me sedaran, tendría que dar explicaciones y eso me mataba, no solo en el orgullo sino en mi autoestima. Me force a decirle a Inspiración que no estaba bien y que iba a estar lenta, narré el diagnóstico de mi psicóloga como si estuviera confesando un crimen, aun sintiéndome vulnerable y expuesta fui cruel conmigo.

Fue solo en la tarde de ese viernes que me sentí mas cómoda yo misma, esa que estoy acostumbrada a ser y realmente no se si soy. Pero, pude reírme de verdad, hablar sin esforzarme, preocuparme por otras personas, saborear los alimentos, disfrutar del contacto físico y sentir el fresquito de haber salido de una batalla.

No me engañe, sabia que la crisis no había pasado y continué tratándome con paciencia, teniendo un sube y baja de pensamientos, alguno de ellos me asustaron, pero era parte de todo lo que había reprimido y de alguna manera se habían podrido dentro de mí.

La semana siguiente no fue más fácil, pero la que siguió sí. Aprendí más de mi misma en esos últimos días de febrero de lo que me imaginé, pude ver que la autocompasión y el amor que tengo por mí es más de lo que mi cabeza me permite ver y que mis ganas de ser feliz y amarme, aceptarme y estar bien conmigo son más fuertes que todo lo demás.

Elle Tome, la incomprendida.

La narradora de esta entrada no será la de siempre, acá escribirá ese monólogo interno que vive conmigo como dicen por ahí, la voz de muchas personas que se han cruzado en mi camino y se ha quedado en mi mente.

Spoiler alert: Es una perra despiadada.

Pobrecita Elle, siempre probrecita. La pobre nunca hace nada y el mundo siempre le paga mal, he sido testigo de cada uno de sus errores y siempre actúa igual.

Es una actriz guionada, actuando siempre acorde a la situación. Se la pasa fingiendo todo el tiempo, creyéndose la mejor, se cree protagonista pero no es nada más que el payaso o ese tercer personaje al que siempre le pasa algo y solo aparece para ayudar.

Elle no es más que una mentira, una mascara de bondad y de ganas de hacer el bien cuando sólo es una narcisista que se cree la mejor, un lobo con piel de oveja que nunca asume la responsabilidad de sus actos, que siempre cree lo peor de los demás porque no es capaz de vivir con la realidad de sus errores y equivocaciones. Si, ella vive con la culpa de toda la mierda que es y que no quiere aceptar, me odia y se odia ¿sabes por qué? Porque yo no ando con sensiblerías y fingiendo ser lo que no soy, a diferencia de ella.

Todo lo malo que le sucede a la pobre Elle es parte de sus decisiones porque para tomar malas decisiones, es una profesional. No sabe lo que quiere, ni para donde va, ni cómo lo consigue, espera como la mierda perezosa que es a que todo le llegue a la puerta sin esfuerzo mínimo, y siempre tiene un culpable sino es mamá, es papá, la familia, los amigos, sus parejas y ahora el trabajo.

Asumir las responsabilidades le queda grande porque es débil y está hecha de cristal. Pobrecita Elle siempre quiere ayuda, siempre quiere un salvador o una salvadora, siempre encuentra una salida para huir de sus problemas o se queda allí quieta como un ciervo frente a la luz de un coche porque así es ella: incapaz.

Elle solía temerme y al mismo tiempo escucharme, cuando lo hacía su vida era mas tranquila porque yo era la advertencia, pero según ella tenia menos vida. Cuando yo lo controlaba todo Elle era delgada y reconocía las críticas de las personas acerca de cómo debía verse, tenia una relación con su padre y con su familia, era un accesorio de una de sus amigas y no tenia tiempo para ahogarse en ese estúpido cuento en el que ahora anda.

Porque la terapia le ha hecho más mal que bien, Elle es una hipocondríaca de la “salud mental” al ser un camaleón para complacer a todos, se cree que todo lo tiene lo que incluye esa mierda de la depresión, la ansiedad, el estrés postraumático, el auto sabotaje y el más hilarante: la baja autoestima.

¿Y saben por qué es el más hilarante? Porque cómo es posible que alguien con el nivel de narcisismo y soberbia que tiene ella no tenga amor propio. Si está sesgada por lo que piensa, es caprichosa y siempre quiere que el mundo haga lo que ella quiere porque se cree que siempre tiene la razón, con la excusa de expresarse lastima a los demás, es un mar de excusas y de mentiras. Esta tan centrada en si misma que solo hace lo que la hace sentir bien, hace sufrir a los demás mientras pelea con ella misma aun cuando sabe que de todas formas lo va a hacer, se aprovecha de los otros y los estudia hasta tal punto de saber cómo manipularlos.

No es una persona agradable y aunque dice que tiene sueños por cumplir no hace nada por ellos porque esta esperando que alguien más se los cumpla, dice que quiere ser madre pero estoy muy segura de que es para darle traumas a una pobre criatura.

No tengo más por decir solo porque puedo sentirla intentando retomar el control, como siempre. Los dejo con la mentira, Elle Tome”

La encierro en un lugar de mi mente donde puedo escuchar el murmullo y hacer mi mejor intento para ignorarla, los seres humanos somos blanco y negro, un balance perfecto, se que no soy perfecta y que estoy lejos de serlo pero mi error más grande es que dentro de mí sé que el monólogo interno en muchas cosas, tiene razón.

Son cosas que quiero cambiar, dejar atrás y cosas que tengo que aceptar y me cuesta demasiado hacer porque por más que luche por no decepcionar a nadie, por más que intenté que lo vivido en el pasado no impactara mi presente y mi futuro, hice lo que mas temía: decepcioné a alguien y ese alguien, soy yo.

Febrero y un caos: Parte 1

El domingo pasado además de caer un vendaval, me forcé a reconectar con una persona que quiero lejos de mi vida porque su presencia me hace mal, esa persona es mi papa.

Con su personalidad narcisista y en exceso independiente en cada etapa de mi vida me ha lastimado profundamente; en mi niñez pasé de verlo como la adoración de mi vida a verlo como el monstruo de mis pesadillas y del que tenía que esconderme, en la adolescencia fue esa persona que me hacia sentir avergonzada de tener en mi vida por la forma caótica y desaliñada en la que comenzó a vivir su vejez y ¿en la adultez? Toda esperanza de haber podios tener un crecimiento sano, se fue por la ventana en cada una de las veces que he tenido un ataque de ansiedad.

El domingo volvió a parecer en mi vida después de que me buscara mucho y yo cerrara la mayoría de las puertas, para saber de el siempre he tenido que hacer un bricolaje entre las cosas que me dicen los demás y lo que él mismo cuenta, de lo cual un gran porcentaje es mentira. Dramas que encierran una propiedad familiar me desató hilos de pensamiento entre los que analicé lo arraigada que estaba su personalidad narcisista en él como para buscar de forma consciente o inconsciente volver a entrar a mi vida a ser el centro de atención.

Por fuera me mostraba racional, analítica y como que no me importaba mucho mientras por dentro me estaba desmoronando con cada minuto que pasaba, muchos pensamientos, culpas, dolores, frustraciones y horas después pude quedarme a solas con mis pensamientos y descubrí el tsunami que había pasado por allí.

De mi control, tranquilidad, libertad y calma no quedaban rastros, pero el odio, el rencor y el desespero estaban allí esperándome. Hundida en medio de la oscuridad, mis pensamientos no se callaban a tal punto que parecían el murmullo de cuando mucha gente habla al mismo tiempo y jo se entiende nada, tenía sueño pero no podía dormirme, rodaba por la cama con el ruido ensordecedor en mi cabeza, con las ganas de llorar cerrando mi garganta pero sin poder hacerlo, esa noche eterna me trasladé a una vida que había dejado atrás.

Una vida de temblores, de silencios, de andar de puntas y hacerme la dormida. En algún punto de la eterna noche, me agarré la cabeza y me supliqué a mi misma parar, me supliqué casi en llanto permitirme descansar porque al día siguiente tenia que trabajar. No fue solo hasta la 1 de la mañana que me ganó el cansancio, dormí tensa como una flecha, con los músculos tiesos y en estado de alerta, dormí pero no descanse un solo minuto esperando que algo malo pasara.

Fue entonces cuando la decepción y la vergüenza volvieron a mí por no poder “superar” esta situación como una adulta; me levanté de la cama pero más que levantarme, me arrastré de la cama y cada minuto después, me moví sin importarme mucho si llegaba tarde, apilando sentimientos con cada uno de los pensamientos mas ruidosos “¿No crees que es patético seguir así?, ¿Qué tal si dejamos de perder el tiempo fingiendo que la terapia esta haciendo algo y nos resignamos a que lo que fue pasado, hoy es presente y siempre va a ser futuro?”

Caminé al trabajo con un dolor de cabeza que me hacía ir más lento de lo normal pensando, sintiendo y abrumándome cada vez más, tanto que para cuando llegué a la oficina no tenía energía ni fuerzas de nada, hablé con mi coordinadora quien me fio un lugar seguro para que luego de horas pudiera llorar, desahogarme y darle rienda suelta a mis sentimientos. Pero después fr hacerlo me sentí avergonzada de no ser fuerte, de reaccionar a las acciones de mi papá como si aún fuera una pequeña niña.

Enfoqué cada una de mis energías en mostrarme tan bien como me fuera posible, aceptando que habían un par de cosas que no iban bien pero haciéndome la fuerte y eso me costó muchas millas fe mi proceso, porque vivir se me volvió pesado a tal punto que el jueves de esa misma semana me enfrenté a un ataque de ansiedad que me duró horas, afortunadamente para mi ese mismo día tenia terapia con la psicóloga.

Esta experiencia hoy la cuento como una sobreviviente porque mientras lloraba contándole mi semana a la psicóloga por primera vez en seis meses pude ver el susto que tenía por mí, pudo ver desde la primera fila aquello que solo había visto yo: la niña interna traumada enredada con la adolescente herida y la adulta abrumada sin saber que hacer.

Me explico qué estaba pasando conmigo porque llegué a un punto en el que no sabía y no podía hacer nada conmigo misma, un punto donde estaba en automático y no podia ver mas allá de mi dolor y mi desesperación, me dijo que estaba teniendo una crisis fuerte de ansiedad, depresión y estrés postraumático, que todas las fuentes de mis recuerdos se habían mezclado con mi presente y por eso me sentía como me sentía, me pidió que parara de actuar como que estaba bien y que fuera a urgencias a que me aplicaran un sedante leve y me incapacitaran porque no estaba bien y después de horas en un ataque de ansiedad necesitaba descansar como me lo estaba pidiendo el cuerpo a gritos.

Pero yo, forzando mis límites siempre le pedí otras opciones. No quería sentirme mas débil ni mas vulnerable de lo que me sentía en ese momento .

Hoy ordené mi habitación.

Desde hace unas horas estoy internamente sorprendida de ver mi habitación organizada sin ropa lavada apilándose, de todo esparcido en mi escritorio, mi closet con todo amontonado lo uno sobre lo otro y cosas encajadas allí haciendo su mejor esfuerzo por mantener el balance.

Aplacé por meses organizar mi habitación, unos días muy cansada de mi propia existencia más allá del trabajo, otros días con ganas de intentar hacer cosas que me relajen y no ordenar, porque a pesar de que soy buena haciéndolo la idea de poner todo en orden me estresa ¿por qué razón? Mi mente es un lugar extraño y caprichoso, hace las cosas cuando quiere y además de ello tiene una forma especifica de cómo hacerlo, sino sigue el proceso el malestar me persigue hasta que me permito hacerlo como se supone que debería.

Así que hace semanas me puse de acuerdo conmigo misma en ordenar mi habitación este fin de semana ya que en cuestión de 14 días estaré de nuevo en el ritmo de la temporada alta del trabajo (Sí, aquella época horrible donde todo es incertidumbre, temor e inquietud) pero llego el fin de semana y mi cuerpos e negó a hacer lo acodado, se estrenó una serie de libros y quedé prendada a ellos. Hoy, sin embargo, miré a mi alrededor y fue un acuerdo unánime: mi cuarto se había salido de control y necesitaba darle sentido, además mucho se dice por ahí de que cuando la mente es un desastre, tus espacios te reflejan y particularmente hoy me sentía con ganas de que mi cuarto reflejara el cómo se ha estado sintiendo mi mente. Me puse manos a la obra y me arrepentí a la hora, viendo como mi cama estaba hasta el tope de prendas de vestir y eso que ya había comenzado en más de una ocasión a intentar lograr esta tediosa tarea, me acosté encima de la ropa esparcida, me quejé por mensaje con mis amigos y me volví a levantar, repetí eso varias veces en el día, incluso cuando me sentí con ganas de darme por vencida me detuve y leí un par de capítulos de un libro de la serie que ya les había mencionado, volví a levantarme y de nuevo al ruedo.

Entre canciones de karaoke en español, cantar a grito herido, bailar con la ropa que estaba siendo ordenada continué hasta que no quedó una prenda en mi cama, volví a organizar la parte de atrás donde había estado apilada y reorganicé todo lo que había allí ¿y adivinen qué? Encontré más ropa ¡Por supuesto que había más! M enoje pero respiré profundo recordándome que siempre iba a haber más sobre todo por mi tendencia ansiosa a tener de todo en el closet para que ninguna situación me tome desapercibida, también está el hecho de que la lavadora estaba haciendo lo suyo (aunque más tarde me di cuenta de que realmente no tenía mucha ropa mía lavándose)

Me terminaron doliendo las rodillas pero cuando finalmente miré a mi alrededor me sentí: satisfecha. Pasé el día sacudiendo, doblando, colgando, botando, moviendo de aquí para allá y valió la pena sólo por la sensación en mi cabeza de «así es como estamos en este momento» Y ya sé que muchas personas se quedarían pensando ¿por qué tanto alboroto por organizar una habitación? Después de meses, casi un año posponiéndolo, finalmente lo hice. Con ansiedad, depresión y otros mil demonios que me he descubierto en terapia ¡Lo hice! Me cumplí a mi misma, me di a mi misma lo que estaba pidiendo, me supere en cada momento que quise dejar de hacerlo hasta que obtuve un resultado final que me dejó sintiéndome feliz.

No sólo por mi habitación ¡también logré escribir! Ayer y también hoy, sigo luchando con terminar mis deberes del diplomado pero sé que en un momento avanzaré con ellos. Volví a estar bien después de una semana que les contaré en el siguiente post después de este.

Mi resumen es: conocerse es permitirse aplazar hasta que puedas cumplirte.

Días difíciles

Hay días como hoy, días en que desde la noche anterior me mantengo inquieta y no logro dormirme, días en los que me levanto sobresaltada y como de mal humor, días en que siento presión por las cosas que tengo que terminar pero no logro concentrarme lo suficiente para comenzar a hacerlas, días en que tengo un nudo en el estómago y siento que nada va a estar bien, días en que pequeñas cosas como una fiebre de 38° en mi padrino que lleva hospitalizado 4 meses me hace tener miedo profundo, días en los que siento un nudo en la garganta y me siento impotente de no poder hacer nada para borrar la culpa y el peso que el está cargando con su enfermedad. Días en que me pesa todo, en que me siento incapaz de nada, días en que no creo que algo vaya a estar bien, días en los que rompo a llorar y me desespero muy fácil, días en los que me preocupa que la gente no responda rápido, en lo difícil que se me hace esperar, en los que sobre analizo todo y me vuelvo hipersensible. Días en los que busco ayuda en la medicina naturista y en la medicina normal para sentirme más agrupada, días en los que la gente confunde mi hipersensibilidad con el enojo, en los que no es fácil mostrarme paciencia, en los que me siento superada por la vida misma.

Mi psicóloga me dijo que le escribiera si sentía que necesitaba escribirle, he intentado escribir ese mensaje 3 veces pero siempre lo borro porque siento que debería poder con esto medianamente sola, aunque en medio del llanto y sentirme superada le hablé a mi mejor amigo para que me dijera algo y me hiciera sentir mejor. Quiero abrazarme a alguien, recibir consuelo de que todo va a estar bien, sentirme escuchada, sentir que mis sentimientos son valiosos y que no son una carga, que está bien sentirme mal y baja de ánimo, que no tengo que estar todo el tiempo bien y que no merezco ser juzgada por como me siento. Lo cual es como el triple de difícil porque mi mamá quien es la única persona que está conmigo en casa, hace todo lo contrario a lo que necesito, le dije con un poco de sinceridad más o menos como me sentía y me habló mal, haciéndome sentir que «no podíamos sentirnos y dejarnos afectar» que «nosotras no teníamos problemas acá entre y en nosotras, y que todo eran problemas externos»…no es tan fácil sentirse como otra persona quiere que uno se sienta no es fácil y la verdad no estoy segura de que sea incluso posible.

Quiero que todo mejore o poderme aislar de todo para conseguir balancearme, vamos a creer que todo va a mejorar, con fe , confianza y paciencia se logra todo.

Elle en terapia II

Salí temprano de casa con el recorrido claro en mi mente, llegué 20 minutos antes de la cita y me senté en la sala a esperar mientras jugaba en el celular. La espera fue larga pensé que tal vez no me atendería sin razón alguna, así es mi cerebro a veces. Entré y Melissa me recibió a las 10:59 am, me acomodé en el sillón quitándome los zapatos, comenzamos los test, un montón de preguntas con diferentes opciones de respuesta, fuer divertido y la hice reír, fui recordando cosas que debía contarle sobre mi entre test y test, al final me dijo que tenia ansiedad «moderada» pero que también tenia trastorno depresivo-ansioso con baja autoestima y que era entre moderado y grave. Me dijo también que la ansiedad era solo la cereza del trastorno y que era posible que fuera la ansiedad moderada que sentía + la ansiedad como síntoma de la depresión.

No me sorprendió pero tampoco era algo que esperaba que me dijeran, siempre he estado «en guardia» con la depresión y solamente recuerdo haberla vivido una vez por allá en 2016, sé como comenzó esa crisis y hasta el día de hoy me pongo «en guardia» cuando comienzan a parecer, pero como todos los problemas en la vida no porque tu los evites significa que se van. Viendo a mi psicóloga reír por algunas de mis expresiones y sintiéndose muy cómoda conmigo me hizo sentir más tranquila pero en cuanto me tranquilicé la frase de «La felicidad también se ve como una sonrisa» me explotó el globo. Ella organizo una lista bastante larga de lo que debíamos hacer, dijo que comenzaríamos por mi baja autoestima porque la sorprendió lo preocupante que era, a mi no…no soy mi mayor fan. No me siento como una persona con depresión pero lo soy, eso me da a entender que hay mucho de mi que soy y no soy y mucho que no soy y creo que soy, lo bueno es que estoy en el camino que se siente correcto para descubrirlo.

La terapia estuvo bien, hablé con casualidad y solo en una pregunta que era referente a mi misma me sentí triste, la pregunta era si me sentía como un fracaso, y el responderla con un totalmente de acuerdo fue…uno de esos momentos en donde sabes que estuvo bien pedir ayuda. No sé que tanto me ayude la terapia pero sé que siempre he sido la roca en la que puedo apoyarme para seguir adelante, sé que soy quien tiene el control y la persona con la que viviré toda mi vida por lo que la idea de mejorar mi relación conmigo me suena bastante apetecible. Me amo pero no me amo lo suficiente como para pensar bien de mí, me amo pero se me dificulta ponerme en primer lugar, me amo pero soy la única persona con la que no tengo paciencia…Necesito amarme más, para poder encontrar mi potencial y salir adelante.

Querida yo: Quizás ahora no parece tan fácil y pensemos que las expectativas no van a ser tan favorables como las pensamos pero algo tiene que mejorar entre nosotras, necesitamos amarnos más no para que los otros nos puedan amar de la misma manera sino porque vamos a estar la una junto a la otra para siempre, necesito que em dejes amarte como tú sabes que soy capaz de amar, que me dejes protegerte para que luchemos con la depresión y la ansiedad juntas.

You can and you will!

Pensamientos de una tarde de abril.

Ansiedad…si alguien em pide que le expliqué cómo es, cómo se siente o cómo funciona no sabría como responderle ninguna de las tres. Sólo sé que si envío un mensaje y no me responden no puedo evitar pensar que la persona esta molesta conmigo y eso me genera un vacío en el estómago, me siento culpable siempre. Sin importar lo que haga o deje de hacer, siento que nunca hice lo que realmente debí hacer, la ansiedad me hace pensar que siempre estoy equivocada y haciendo algo indebido, que la gente se enoja conmigo demasiado a menudo y que nunca hago nada bien.

A veces estoy segura de algo que escribí y luego vienen las dudas, otros días estoy a punto de sentarme en el pc y pienso como alejaría a todo el mundo y me encerraría en casa si mi mamá llegara a morir. Antes de dormir es sin duda la peor hora, donde aparecen todos los pensamientos del día, en donde no sé si voy a descansar o si en los suelos sufriré como loca, algunas veces los sueños son vividos, me levanto sintiéndome mal por una decisión que tomé en el sueño, o recuerdo esa vez que pasé vergüenza con alguien. En mi cabeza no hay margen para cometer errores, el más mínimo error se me repite en la mente una y otra vez, cuando hago que alguien se sienta mal siento que revivo ese momento una y otra vez, necesito cobrarme cada una de las cosas en las que me equivoqué.

Conducir es estresante cuando voy acompañada, solo pienso en lo mal que frene, en lo mal que me metí y en lo mal que estacioné, pienso en todas las quejas que tiene mi pasajero conmigo y no me dice porque es demasiado buena gente. Pienso más en futuro que en presente, si tengo una cita analizo una y otra vez las rutas, me altera tomar decisiones, disecciono todo lo que tiene que ver con esa salida el cuándo, cómo, quién y por qué…el día anterior me duermo pensando en por donde voy a pasar y que necesito tener en cuneta en ese momento, me despierto antes que la alarma, tengo algo pendiente, no dejo de pensar en lo que tengo pendiente.

Es mucha presión para una sola cabeza, me pesa la espalda y se me hacen nudos en el estómago, parece que nunca descanso, hay días en que siento que todo em va mal, en que no soy capaz de nada así lo intente y hay otros días en que me siento capaz de todo pero al verdad es que siempre termino decepcionándome. Vivo más en el futuro que en el presente, temblando cuando algo no me sale bien, haciéndome cargo solo cuando em toca, juntando y juntando hasta que exploto, se siente mal pensar en lo que quiero y necesito, no sé que quiero y qué necesito. No sé nada, no estoy segura de nada nunca…vivo haciéndome la fuerte para todo.

Me hago mil preguntas al día, cuando hablo con alguien de lo que siento no sé si lo estoy molestando, siento que todo el tiempo soy una molestia. Me convencí de que para nadie soy lo suficientemente importante como para realmente estar interesado en lo que hago, no quiero que nadie sufra conmigo y mis ansiedades, me canso conmigo misma y entiendo por qué los demás también se cansarían.

Segunda Semana de Marzo

Esta semana en nada se compara a la semana anterior, me siento muy ansiosa…estos últimos 3 días he estado sintiendo que el mundo se me va a venir encima por pequeñas cosa, por palabras, porque mis primas no llaman, por series. En días así soy más consciente de lo difícil que es vivir con la ansiedad, me he cansado de repetirme que no tengo ningún control en la situación de mi padrino pero cada vez que hay suspenso, me desequilibro. Alguna persona con dones especiales habló de que parecía que el alma de mi padrino estaba descendiendo más que ascendiendo y yo em confundí, porque no se supone que si alguien va a irse ¿su alma debería estar ascendiendo y no descendiendo? No supe si ponerme feliz o triste, al final termine preocupándome y sintiendo la ansiedad presionar mi esternón, la ansiedad se alimenta de los miedos, te avisan de no sobre pensar, de saber que estás siendo congelado por cosas que aún no han pasado y que no sabes si pasarán…La ansiedad vuelve mierda todo: tus rutinas, tu energía, tus ganas de hacer algo por ti, la fe que llevas construyendo, la confianza que tienes en la voluntad divina…te culpas por dejar que pase y no sabes como detener el tren de pensamientos, me siento tan culpable por tener ansiedad, me siento mal por tener algo así conmigo, siento que no soy lo suficientemente fuerte para luchar con algo que está en mi mente así que ¿Cómo voy a ser lo suficientemente fuerte para ser independiente y hacerme una vida?

Tengo miedo, cansancio, dudas, me duele el cuerpo y me siento sobresaltada por todo. La situación difícil de mi padrino hace que esto sea aun más difícil porque hay una razón real de la que mi ansiedad se pega para torturarme, siento miedo de dormir, mi propia mente es una habitación de la tortura, susurrándome cosas que no han pasado y que tengo pánico de que sucedan. No ha sido una semana de lo más productiva pero tampoco la pasé congelada como la semana anterior, he hecho cosas diferentes como ir al médico y disfrutar de conducir sola. Compartí una tarde con mis primas y me sentí tranquila, ojalá pudiera pasar más tiempo con ellas, las voces no están ahí cuando hay compañía, el miedo se difumina un poco.

Me siento más vulnerable en días así, siento que necesito tanto de los demás y eso agrava la situación, mi mente no debería torturarme y los demás no deberían ser quienes me defiendan de ella, me siento traicionada por mi misma. Que complejos son estos días, en donde estás lúcido viviendo y siendo consciente de todo lo que te sucede, donde tienes tiempo para pensar en cada detalle de lo que estás haciendo mal, de lo gorda que estás y las razones por las que estás así, días en los que tu mente no se distrae con programas de ficción donde la realidad es demasiado real, demasiado pesada…días donde dormir parece la mejor y la peor opción al mismo tiempo.

A veces prefiero los ataques de ansiedad de los fuertes, esos que vienen, te sacuden y te dejan desmadejada en 5 minutos para que a partir de ahí, te recuperes. No son como estos, un ataque lento y desgarrador desde a dentro. Espero que la crisis pase, que la voluntad divina se haga a pesar de mis miedos, que la vida siga fluyendo hacia donde debe ir sin que yo entorpezca nada.

Quiero respirar profundo y dejar de sentirme como que el mundo me está persiguiendo, como si algo malo me fuera a ocurrir, como si cualquier cosa que cae al suelo pudiera hacerme daño. Quiero dejar de sentirme tan frágil y fácil de dañar, quiero que el miedo pase, quiero que la ansiedad se vaya y deje de comprimirme la boca del estómago. Quiero que todo esté bien, quiero creer que todo va a estar bien.

Todo va a estar bien, todo va a estar.

Diciembre 1, 2020

Le levanté de la cama con el sonar del teléfono, recibí una noticia preocupante respecto a la salud de uno de mis seres más queridos. Actúe fuerte durante unos minutos y luego me hiperventile mientras estaba todavía en el baño. No sé cuántas veces repetí que él iba a estar bien y que él tenía que estar bien, llore por un rato sintiendo que iba a enloquecer.

Salí al balcón y vi que un vecino se estaba trasteando, mire al horizonte hacia las nubes y le pedí a Dios, a la vida y a todo aquel ser divino que pudiera escucharme que por favor no lo hiciera, implore misericordia, duplique que él estuviera bien porque lo necesitamos y porque lo amo. Mire a la nada por unos minutos, me recosté en la baranda y tuve miedo, he pasado días con miedo entre tener fe, insultar a la apestosa que le llevó el virus y asegurar/recitar que va a estar bien.

El día pasó de forma horrible, cada vez que sonaba el teléfono me esperaba una mala noticia y me daban ganas de vomitar. Me sentí floja y vulnerable todo el día, la impotencia de no poder hacer nada, de estar aquí en casa solo torturándome con el pensamiento de que una llamada podría volcar y enviar a la mierda lo poco que he logrado mantenerme cuerda, pensando en el una y otra vez, teniendo miedo que me hacia llenar los ojos de lágrimas.

He tenido miedo, del puro, de aquel que no deja posibilidades al azar miedo de ese que te hace negarte ante cualquier posibilidad negativa. Ese miedo que te hace imposible pensar sin hacerte bola sobre un futuro sin esa persona. La pase mal y ojala hubiese sido yo, mi pequeña familia y yo la pasamos mal, y la súplica de todos tal vez consiguió que él mejorará un poco y de ese poco todos tuvimos esperanzas y no lo he dicho pero tengo miedo de las esperanzas porque ellas te elevan y si algo sucede puedes caer más fuerte y más duro.

Pero por ahora, esas esperanzas es todo lo que me queda y me aferrare a ellas porque después de sentir que el estómago y el alma me bajan a las rodillas cada vez que suena el teléfono, necesito de esa fe. Este primer día de diciembre la palabra fe, amor y gratitud me pasaron mucha veces por la mente igual que miedo, impotencia y angustia.

Todo va estar bien, todo mejorará, necesito que él esté bien.