Iniciando el diplomado

Hace unos meses me propuse disfrutar mi maestría como parte del sueño que tenía de ser escritora, sin embargo me pedí estudiar algo relacionado con una fuente de ingresos, en este caso mi trabajo en el mundo del marketing. Hoy finalmente y después de meses de esperar que el diplomado comenzará estoy haciendo mi primera inversión en el futuro ¿Cómo así? Es la primera vez que yo sola saco dinero de mi cuenta para mi educación ¿Cómo me siento? Estoy nerviosa por intentar hacerlo bien -con eso de que mi coordinadora del trabajo también es docente allí- pero más allá de eso siento el peso de realizar algo que inicié por mis propios medios y que nació desde mi propia iniciativa. Pero más allá del nervio, me siento un poco más como yo misma porque aunque estoy cansada después de un día en el trabajo, estoy sentada frente a mi viejo computador -que a gritos pide un cambio- intentando estudiar para no sentirme perdida en muchos de los aspectos del área en la que trabajo.

Es gracioso que en el momento es que me sentí un poco abrumada por mis emociones, estando frente a mi computador, me sentí con ganas de escribir y comencé a procrastinar, recordando pendientes tecnológicos en caso de perder el acceso a este equipo, recordé las maravillas de escribir y dejar ir mis emociones. Me pasa muy seguido estos días que no estoy muy segura de quién soy ni de lo que me motiva día a día, no soy consiente de mis objetivos y metas en la vida, hay días en los que simplemente siento que voy de copiloto en un automóvil y este no se detiene por mucho que yo quiera, pero en medio de esta bruma de sentimientos y sensaciones hay constantes que me anclan a quién soy en esencia (bueno, a quién quiero creer que soy en esencia) la escritura y el aprendizaje son unas de ellas, estoy sintiendo un impulso por ocuparme al máximo como en el pasado pero no estoy segura de ser capaz de hacerlo y disfrutarlo porque ahora disfruto estar conmigo misma más de lo que hacía antes. No pensé que con los 26 años pudiera aprender aspectos de mi personalidad que han estado siempre conmigo pero e hace más fácil verlos.

Quiero volver a escribir y sentir que estoy haciendo las cosas bien, conectarme con un grupo de gente y hacerlos sentir a través de las palabras, crear historias y personajes desde lo más básico y perderme en sus mundos, transmitiéndoles mis emociones y dejándolos vivir lo que yo no me dejo vivir a mi misma por mis miedos y dudas.

Inicio un diplomado pero siento que estoy iniciando otra etapa de mi vida y de la Elle que soy en este momento, aquí en el presente. Porque aunque nos aferremos a las personas que en un momento específico éramos y nos reconocíamos allí, dejamos de serla y ahora somos alguien casi completamente distinto y tal vez mejores o peores pero el intento de amor propio sigue allí.

Proyecto de Vida

Por años siempre que escucho las palabras «Proyecto de Vida» me he sentido molesta e incómoda porque nunca he tenido claro qué quiero hacer y hacia dónde quiero ir, no porque sea mala planeadora sino que mi capacidad de frustración es muy baja, tengo miedo a equivocarme y reacciono de forma desproporcional en contra de mi misma cuando me equivoco o no tengo la razón. Por años me sentí como un balsa que va navegando sin rumbo, un poco después me sentí más fuerte como un bote que continuaba sin rumbo y ¿hoy? Probablemente siga siendo un bote no muy fuerte pero con una idea de ruta de navegación que aun luce muy confusa pero que finalmente existe.

El viaje a México me mostró una faceta distinta de mi que no había tenido la oportunidad de ver, me vi viviendo los momentos sin estar en automático pero tampoco abrumada por las voces ansiosas en mi cabeza, me vi siendo independiente y sin miedo de que algo me sucediera, me vi desconectada de mis problemas y dejándome ser, solté el freno de mano y probé comidas a lo loco, dije que sí sin pensarlo, flui sin temer a las consecuencias, me reí sintiéndome verdaderamente feliz. Sentí el mismo alivio que cuando fui la primera vez.

Iba por el viaducto con un poco de llovizna vislumbrada por el paisaje de una Ciudad de México lluviosa y caótica y le dije a Magia «Si la vida me trajera a vivir aquí, estaría bien con eso, siento que podría hacerlo» y más tarde cuando iba por las calles de Huajuapan de León con la tía de Magia al volante, ella me preguntó si viviría en México y sin dudarlo le respondí que sí. Cuando estaba en el aeropuerto sentada en una de las salas de espera intentando controlar mi llanto después de despedirme de Magia, mi corazón estaba hecho pedazos por tener que dejarlos y por tener que irme. Incluso cuando mi mejor amigo me pidió una reseña sobre el viaje mientras estaba en el avión de regreso a casa y le dije que tenia mucho por reflexionar con una serie de textos me dijo «En resumen, te quieres ir a México» y la verdad es que si fuera muy sincera tendría que decir que sí, porque a pesar de que mis emociones de libertad, independencia, felicidad y tranquilidad estén nublando mi juicio y sea también consciente de que no es lo mismo ir a un lugar por vacaciones en unas condiciones como las que fui a vivir en un lugar como parte de esas rutinas y responsabilidades diarias que conlleva estar permanentemente en un lugar.

Tal vez no sea solo México y tal vez sea el mundo, quizás me guste la experiencia de estar moviéndome y perteneciendo y a su vez no perteneciendo a los lugares, estando allí sin ser y siendo en las calles de un lugar completamente nuevo pero que te hace no querer regresar a tu lugar de origen. Porque pasaron 10 días y no estaba ni cerca de extrañar mi hogar, mi casa, mi trabajo o mis costumbres, me sentía incomoda porque me sentía una responsabilidad y carga de mi amiga (aunque ella dijo que no era así) pero me sentía feliz estando allí.

De lo que estoy segura es que volví siendo otra persona, una persona que me gusta aunque me preocupa aun no conectarme con mis ganas de trabajar, volví sintiéndome más ligera, más libre, más directa, más reflexiva, más agradecida, más consciente…Volví con el alma liviana y sintiéndome que la vida me pesaba menos, con más sabiduría y conexión con todo. Regresé cambiada y en el trabajo lo han notado, que estoy tomando el vivir con más calma porque si bien la vida es larga, el tiempo se pasa muy rápido. Sé que es momento de preocuparme por mi misma e intentar resolver los asuntos psicológicos que tienen que ver directamente conmigo y que he podido identificar, que tengo que ser mi porrista más grande porque existe gente que me quiere y hace cosas por la gran persona que soy peor tengo que comenzar a creérmelo para poder pensar en tener una pareja a futuro y también hijos.

Hace un año me encontraba en una crisis de valía profesional de la mano de una crisis de valía personal con un duelo por la muerte de mi padrino. Hoy estoy en la puerta de una crisis de identidad y una crisis existencial con una sonrisa en la cara, no porque esté preparada sino porque sé que cuando pase el huracán todo va a estar mejor.

Mirando al desorden.

Hace mucho tiempo que no escribo, para serte sincera no me he tomado el tiempo de hacerlo en serio. Tengo 7 borradores que no han visto la luz porque siempre que comienzo a escribir me freno. Han sido meses donde muchas cosas han pasado y al mismo tiempo se siente como si nada hubiese pasado, me gustaría tener una defensa pero la verdad es que me he permitido vivir en automático desde hace un tiempo ¿Cuánto? Ni yo misma lo recuerdo, sólo sé que vivir y ser consciente de cómo me sentía se volvió demasiado.

Pero después de un viaje sanador y revelador, he tenido la oportunidad de finalmente confrontarme a mi misma. Pensaba hacerlo en este espacio después de ir a terapia con una nueva psicóloga pero al verme tan al límite sintiendo que una serie de ficción tocaba todos mis botones decidí que era el momento de pausarlo todo y darme un espacio de mí, para mí y con nadie más.

Me siento abrumada por mis emociones, como que todas quieren salir al mismo tiempo ahora que ven la oportunidad de ser entendidas y me asusta el no poder hacerlo sin caer en un episodio depresivo, sin embargo esta ocasión es distinta a todas las demás en donde mis emociones se desbordaban en medio de la oscuridad porque hoy me siento llena de luz. La vida es una montaña rusa muy extraña y a su vez también es como un aeropuerto en donde conoces a muchas personas que van y vienen de ti, personas que sabes que vas a volver a encontrar en el camino y otras que tendrás que despedir para siempre.

Había evitado escribir porque analizarme mientras lo hago es una de esas actividades que dejé para después porque no estaba lista para ser drenada por mi misma, no quería darme el tiempo de pensar y ser consciente de cómo me estaba sintiendo, cómo estaba afrontando mi vida, cómo las personas que entraban y salían de mi vida impactaban en mí, quise vivir en automático sin sobre analizarme una y otra vez por miedo a ver que estaba equivocada, seguí viviendo, disfrutando y sufriendo sin detenerme a pensarlo dos veces.

Pero descubrí que las emociones solo se me juntaron en una presión en el pecho y en la sensación de que algo va a explotar en cualquier momento y no voy a poder contenerlo, desde ya comienza a afectarme en algunos aspectos de mi vida. Así que llegó el momento de escribir y mirar hacia adentro, de mirarme como si fuera una más de esas personas que siempre quiero ayudar, de seguir los consejos que les de doy a otros.

Cuando «el cielo», es el verdadero infierno

Esto lo comencé a escribir en octubre, no imaginándome en absoluto lo que estaría contando y viviendo hoy:

Escribí en mi libreta hace casi 2 meses y medio que debía escribir una entrada del blog pero la vida se ha puesto bastante héctica en el buen y mal sentido -tuve que pausar porque mi mamá vino a hablarme- es gracioso como parece que escribir esta entrada sea una casi misión imposible. Me gusta pensar que todo sucede por una razón, por lo que recuerdo en esa última entrada del blog narraba sobre mi depresión y lo mal que estaba, pero la semana siguiente mi vida comenzó a girar, asistí a varias entrevistas de trabajo en la misma semana y cuando estaba a punto de hacer una prueba técnica para el trabajo que menos me llamaba la atención, me llamaron de un trabajo al que había aplicado al principio de junio para contratación inmediata.

El 27 de julio comencé a trabajar, con empresa desconocida y de la que todos mis seres cercanos pensábamos que era algo que podía salir mal, como mi mamá trabajaba me tocó hacer madrugar a mi mejor amigo para que me acompañara al trabajo a las 8 de la mañana, la primera impresión fue temerosa y me sentí muy amenazada, el único punto brillante y calmo fue mi jefa. La primera semana fue maravillosa, trabajo con 2 hombres maravillosos con los que me entendí demasiado bien casi mágicamente sin necesidad de amoldar mi personalidad, simplemente nos conectamos y como lo sentimos todos, es como si hubiésemos nacido para ser un equipo.

Lo que sucedió los primeros tres meses de trabajo fue aquella historia increíble de encontrar un ambiente laboral en el que me sentía cómoda, en la «perfección», cada día fue francamente más satisfactorio que el otro y para finales de octubre no podía dejar de sentirme como una persona dispuesta a todo por la empresa, afortunada y premiada por el destino después de tantas cosas difíciles en los años anteriores pero a partir de noviembre el declive comenzó, en la segunda semana de noviembre puedo decir que he recibido uno de los golpes de realidad más sorprendentes en mi vida, recuerdo la sensación de impotencia, incredulidad y shock ¿Cómo es posible ser tratado como una mierda solo por tener un titulo universitario?¿como es posible que alguien te haga sentir mal por estar metiéndole el 100% a lo que estás haciendo? Decir que perdí la moral, es poco pero aun así sentía que debía dar todo de mí para que las cosas mejoraran y volvieran hacer aquello que habían sido…claramente me equivoqué.

Las semanas que siguieron fueron tensas y tenebrosas, atemorizantes y sin duda el botón de encendido para mi ansiedad, sentí que sin importar que tanto nos esforzáramos mi equipo y yo, nunca iba a ser suficiente. En diciembre, comenzaron los paños de agua tibia el discurso de mis jefes de intentar salvar la moral del equipo después de haberla arrastrado por el suelo, vendiendo la idea de que todos éramos importantes y brindándonos más razones económicas para seguirla dando toda, para ese momento yo había dejado de creer en la promesa de valor de la empresa para con sus empleados, me comencé a dar cuenta de la persecución laboral y el sadismo que existía, comencé a verlo todo con unos nuevos ojos ¿y para ser sincera? Dolió como nunca antes, fue como despertarse en un sueño bonito y darse cuenta de los monstruos que estaban detrás del traje.

Para finales de diciembre e inicios de enero, mi decepción era absoluta, con los ojos totalmente abiertos me fue imposible ver sus acciones con ojos positivos, siéndome inevitable analizar todo el circo como maniobras de manipulación emocional a través del agradecimiento, la falsa sensación de seguridad y la mentira de ser una empresa diferente que le preocupa el bienestar de las personas incluyendo sus empleados. Al ser una maniobra desgastante intentar ver el lado bueno simplemente dejé de hacerlo y me concentre en ignorar cuanto em fuese posible lo que estaba pasando a mi alrededor, seguí trabajando como la persona que soy y la profesional que quiero ser, aprendiendo de todo y esforzándome en hacer todo bien y evitar llamados de atención. Pero los detalles de sus verdaderas caras seguían allí y sus acciones doble intencionadas cada vez se acercaron más hasta el punto en que me fue imposible no verlas. Me di cuenta que llevaba casi todo diciembre trabajando en el turno de la noche cuando debía ser rotativo, me di cuenta que poco a poco todo mi tiempo y espacio en la vida se convirtió en ser parte de ese lugar y «luchar» por los objetivos y metas que ellos se habían propuesto, pero en algún punto también me vi como que no les importaba, la luz llego cuando me enferme y fue demasiado sencillo para ellos decirme que no fuera a la inauguración de la nueva oficina y que me quedara en casa, en donde a nadie le importó si me estuviese muriendo y nadie de «talento humano» pareció preocupado por mi salud.

Volví a terapia con ganas de resolver si estaba siendo demasiado negativa y la depresión me estaba ganando y me di cuenta de que si bien por un lado era así, mi realidad era que a penas estaba viendo la punta del iceberg. Poco esperaba yo que el viernes de mi primera semana en la nueva oficina me diera cuenta del trasfondo macabro y asqueroso en el que estaba metida y no me había dado cuenta: la red de privilegios, la burocracia, el nepotismo, las tácticas de manipulación emocional, el abuso emocional, las burlas detrás de la espalda de las personas, la denigración de aquellos que tienen títulos universitarios, la presión y persecución laboral a partir de un grupo de personas que se crearon en la mente una idea de superioridad por estar más cerca del dueño, entre otras cosas.

He sido victima de un abuso generalizado nunca concentrado directamente en mí, tal vez porque no he dado razones y tal vez porque vivo en mi propio mundo, no confundo las relaciones interpersonales con las laborales, no borro los limites en torno a mi persona, no permito ser manipulada económicamente o con mis aspiraciones personales porque soy transparente y abierta hasta un límite permitido a las personas fuera de mi pequeño circulo amistoso, nadie conoce que me motiva realmente como para hacer el teatro de dármelo y hacerme sentir agradecida, ninguno de ellos conoce que aspiro hacer en el futuro como para brindarme algún medio de poder hacerlo y después amarrarme a ellos con el sentido de deuda y agradecimiento. He sido protegida por mi misma de una forma inconsciente, realmente admirable. Aunque para ser sincera no he podido prevenir y protegerlo todo, pero lo que se ha filtrado no ha sido ni el 1% de la persona que realmente soy.

Agradezco que su poder en mí sea limitado, que lo que me hayan dado no haya sido realmente significativo porque la forma en la que la vida me ha tratado ha sido más que benévola, en donde un par de bonos en dólares significa la satisfacción de un lujo tonto y no la solución a un problema profundo, en donde la decisión de seguir allí es mía y en donde trabajar o no hacerlo no cambia mucho afortunadamente mi situación actual. Trabajo por el gusto de trabajar y no por necesidad porque la vida me premió con una mujer fantástica como madre que enfoco sus decisiones y pensamientos en hacer que yo nunca tuviera que deberle nada a nadie, brindándome las herramientas más importantes para nunca permitir que alguien más defina mi valor como persona y profesional, regalándome la seguridad y la estabilidad económica en toda mi vida, para que en este momento en donde me encuentro en un entorno laboral tóxico pueda decir que me quedo para brindarle un poco más a mi hoja de vida pero en el momento en que mis limites sean sobrepasados pueda elegir salirme de allí.

He aprendido innumerables enseñanzas en este lugar, de las cuales estoy sanamente agradecida pero no tengo ni un ápice de deudas con ellos, ya no, porque en algún momento si me sentí en deuda y fue en ese inicio, en ese punto donde me sentía una nada y me cuestionaba como profesional y como persona, en ese punto en donde me sentí «rechazada» por todo el mundo y «aceptada por ellos», olvidándoseme que habían 2 empresas interesadas en mi y que meses después de trabajar en ese lugar todavía me llamaron e intentaron contactarse conmigo. Cuando superé eso pude ver que me habían contratado por un rasgo de mi personalidad, me hicieron ver que en efecto era un privilegio para ellos mi decisión de haberme quedado en ese lugar, me dieron armas para entender que si bien no era «imprescindible» para ellos, ellos tampoco lo eran para mí, que existe un número gigante de empresas en el mundo laboral y que aunque esté difícil conseguir empleo en este momento, la vida es de tiempos que solo entiende una fuerza superior.

Me encuentro en duelo de aquella empresa que me vendieron en un inicio y encajaba a la perfección conmigo, me duele tener que vivir en la realidad donde todo eso fue una mentira, pero es un duelo más que tengo que vivir en este momento, una situación más que hace parte de mi vida y que voy a superar a mi ritmo. Muchos se preguntarán ¿y ahora que vas a hacer? ¿Cómo te vas a quedar allí sabiendo la mierda que son? Para ser sincera la elección de quedarme allí por un tiempo me hace cuestionarme moralmente, sin embargo miro lo difícil que esta la economía y la política en mi país y no me gusta la idea de quedarme desempleada en este momento, aun mi instinto dicta que debo quedarme allí por un tiempo, siento que puedo aprender mucho más y salir con la cabeza en alto y tan victoriosa como pueda de esta situación.

La vida es una máquina bien aceitada en donde todas tus acciones tienen consecuencias, lo bueno y lo malo se devuelven a ti de forma inesperada, la esencia de tus acciones no va a ser nunca más fuerte que lo que realmente estás haciendo y como eso afecta a los demás, tal vez quiera quedarme allí a ver como funciona un poco el karma y también para darle tiempo a la vida de que me encamine hacia donde tengo que llegar en este momento de mi vida, porque sigo siendo un bote navegando en el amplio mar.