Estoy sin palabras…no sé cómo comenzar a escribir y en realidad no estoy segura de nada de lo que sucede en mi cabeza en estos momentos. La ansiedad ha sido una constante, la semana pasa el medico Díaz llamó y nos dijo que estábamos llegando al límite de los antibióticos de tal manera que la bacteria que tenia mi Padrino no iba a poder ser contrarrestada ni con el antibiótico más fuerte, mi prima hablo con él y mi padrino le dijo que él así como estaba para qué iba a regresar a casa y eso…nos rompió. El doctor Díaz llamo el domingo y les dijo a mi prima que le habían comenzado a suministrar uno de los antibióticos más fuertes y que podían dañar sus riñones pero era manejar esa posibilidad de que los riñones se dañen o que fallezca de la infección, la ansiedad que tuve en ese momento no la sé explicar, me puse a rezar un rosario sin saber como hacerlo, pedí con el corazón abierto y me sentí…desesperada. Anoche hubo un médico fatalista que nos hablo como si la situación de mi padrino no fuera mi padrino pero mi prima lo notó distraído, perdido en el delirio , viendo cosas que no estaban ahí para nosotros…ayer tembló y casi me caigo…no quería dormirme, estaba negada a dormirme y me puse a leer, pero cuando acabé de leer me rompí, lloré no desconsolada sino agotada a más no poder, le suplique a Dios que hiciera su voluntad pero que no lo hiciera sufrir ni nos hiciera sufrir, no pregunté por qués y no pedí más que su salud o su descanso en paz si su voluntad no era sanarlo, las lágrimas caían mientras rezaba, sentí un dolor desde adentro.
Esto es como cuando te están arrancando un pedazo del corazón , es un sufrimiento de él y de nosotras, todos estamos cansados, a todos nos tiemblan los brazos y el corazón, cada que suena el teléfono siento que me va a dar algo, cuando lo veo por videollamada me doy la fuerza para sonreír y decirle que lo amo, que lo necesito, que sienta que sigo siendo su niña feliz , su papeleta, aunque me esté partiendo el dolor de verlo así de indefenso. No sé si sabe cuánto lo amo, no sé si sabe cuántas veces en mi vida temí y él me protegió, él ha estado en cada etapa de mi vida, desde lo más lejos de mis recuerdos, es el hombre en que he podido confiar, el hombre que me ama a su manera, que me habla a su manera, el sargento que me sonríe y me abraza como no lo hace con los demás, soy su ojo de pájaro, su cucarrona, su ahijadita…no me quiero despedir, peor al mismo tiempo no lo quiero ver sufrir, no quiero rendirme pero estamos entre la espada y la pared, siento que por el gran amor que me ha mostrado toda mi vida no merece irse así con unos últimos días de tanto sufrimiento, no quiero que sus últimos recuerdos sean de soledad y culpa; Le hice una carta que decía «Te amamos ¡Sigue luchando!» y tenia fotos de nosotros para que se la pegaran donde la pudiera ver y no se sintiera solo, hice otra con una foto de nosotras que decía «Sé fuerte, eres un guerrero ¡Tú puedes!» animándolo a seguir pero siento que lo hice demasiado tarde…no soy capaz de ir a verlo, no soy capaz de aceptar esta realidad, veo a mis primas y me siento impotente, me siento rota…las veo luchar con el dolor y solo puedo animarlas.
No sé que va a pasar, no sabemos si se recuperará o si tendremos que despedirlo. Estamos colgando de un hilo, esperando, esperando y esperando; rezando, orando, pidiendo de todas las formas posibles, con las fuerzas tambaleantes, entregadas a lo que Dios quiera que suceda, esperando que se haga su voluntad. Escribí llorando porque si soy sincera estoy viviendo una de las situaciones que siempre pensé como una pesadilla cuando estaba pequeña, como adulta no se siente como algo diferente. Es una pesadilla la espera, la zozobra, el miedo, la ansiedad, la incertidumbre, la impotencia…No sé que va a suceder, sé que quiero que suceda pero no se trata de lo que yo quiera, piense u opine; espero que recuerde mis palabras, aquella nota de voz en la que le dije que lo amo, que es una de las personas más importantes en mi vida, que lo ha sido todo cuando lo he necesitado, que ha sido protección, seguridad, autoridad, respaldo, mi guardián sin importar en que forma corpore a esté, sé que lo seguirá haciendo ya sea en vida o en el cielo.