Cuidar y proteger mi energía

Después de los últimos eventos de febrero quedé en una posición de profunda reflexión, dividida entre no saber si estaba bien por forzarme a estar bien o si me sentía bien por la tranquilidad de haber superado un momento tan complejo para mí.

Entonces llegué una mañana en donde me levanté enfocada en cuidar y proteger mi energía…para ser sincera, cada vez que repetía la frase y hacia el gesto frente a mi, me sentía como ese personaje de aspecto hippie en una serie de televisión, pero no me importaba porque mi objetivo era justamente esas palabras de forma literal.

Sobretodo porque el querer ayudar a la gente, como lo leí en un tiktok, aunque sana esa parte de mí que necesitaba que alguien me ayudara, me drena y me deja sintiéndome quebrada y más sola que antes.

Los últimos días los he pasado en ese intento, en no permitir que personas al azar se queden con mi energía, me propongo afrontar rápidamente situaciones que me disgustan para no perder mi energía ahí, soltar momentos que me lastimaron o me hicieron enojar con el mismo objetivo.

Porque si bien hay una parte de mí que no me cree del todo, quiero dedicarme cada centímetro de mi energía de mi, para mí. Para mantenerme a flote, para buscar lo que me hace feliz, para luchar con mis demonios o para tener una reserva cuando tengo días en los que realmente me levanto sin ganas de existir.

En los últimos días, pocas cosas atrapan realmente mi atención, intento ser muy consiente de mi día a día para no darle oportunidad a mi depresión de que se asome a monopolizar mis horas por completo pero sé que estoy viviendo en modo automático. No sin propósito, porque mi propósito es vivir y aunque parezca demasiado simple en comparación con esas veces que mi propósito es sobrevivir o esperar tener un propósito, es un gran paso.

Sin embargo, me encuentro sin pasiones sin cosas que disfrute a plenitud, me regalo pequeños momentos de satisfacción pero son tan cortos y tan banales que me cuesta realmente verlos. Disfruto estar en cama leyendo pero ya no encuentro libros que me atrapen realmente. En algún momento de mi vida le sentía como Bon Esponja mirando al mundo, unos años después me siento como Calamardo .

Me inspiraba el romance, la escritura, perderme en pensamientos y dejarme llevar por la inspiración para llenar las páginas, solía disfrutar de estudiar, aprender y nutrir mi cerebro pero ahora estoy tan cansada y pienso que no aprendo. Intento retomar viejos buenos hábitos y no lo logro, por momentos extraño la persona que solía ser aunque amo la sabiduría que tengo hoy.

Siento que he perdido el sabor de vivir, la capacidad de disfrutar porque en cada momento de felicidad, esta se ve sombreada por sentimientos de soledad, añoranza de que no acabé, decepción porque se va a acabar y tristeza porque siento todo esto y no lo disfruto.

No tengo idea de como poder cambiar la forma en la que veo la vida en este momento pero sé que no quiero rendirme, se que quiero sentirme feliz, tener propósitos, hacer sueños realidad, enamorarme de mi misma y de alguien más, dejar de sentir que el peso del destino esta en mis manos y que son las menos capacitadas para hacer algo que valga la pena.

Quisiera poder dejar de pensar que aquello que quiero es muy difícil de hacerlo realidad y que no voy a ser capaz, estoy agotada de dudar de mi misma en mi subconsciente, de vivir con miedo a todo, de ser esa versión de mi misma que los traumas construyeron atemorizada e incapaz de ver su fortaleza.

Cuido mi energía porque la he desperdiciado por muchos años sin darme cuenta, porque se ha filtrado por rendijas que ha hecho el dolor h me h dejado justo en donde estoy impacientada por ser feliz, queriendo arreglarme porque siento que estoy dañada y que esa es la razón por la que no tengo mucho de aquello que mi corazón anhela.

Elle Tome, la incomprendida.

La narradora de esta entrada no será la de siempre, acá escribirá ese monólogo interno que vive conmigo como dicen por ahí, la voz de muchas personas que se han cruzado en mi camino y se ha quedado en mi mente.

Spoiler alert: Es una perra despiadada.

Pobrecita Elle, siempre probrecita. La pobre nunca hace nada y el mundo siempre le paga mal, he sido testigo de cada uno de sus errores y siempre actúa igual.

Es una actriz guionada, actuando siempre acorde a la situación. Se la pasa fingiendo todo el tiempo, creyéndose la mejor, se cree protagonista pero no es nada más que el payaso o ese tercer personaje al que siempre le pasa algo y solo aparece para ayudar.

Elle no es más que una mentira, una mascara de bondad y de ganas de hacer el bien cuando sólo es una narcisista que se cree la mejor, un lobo con piel de oveja que nunca asume la responsabilidad de sus actos, que siempre cree lo peor de los demás porque no es capaz de vivir con la realidad de sus errores y equivocaciones. Si, ella vive con la culpa de toda la mierda que es y que no quiere aceptar, me odia y se odia ¿sabes por qué? Porque yo no ando con sensiblerías y fingiendo ser lo que no soy, a diferencia de ella.

Todo lo malo que le sucede a la pobre Elle es parte de sus decisiones porque para tomar malas decisiones, es una profesional. No sabe lo que quiere, ni para donde va, ni cómo lo consigue, espera como la mierda perezosa que es a que todo le llegue a la puerta sin esfuerzo mínimo, y siempre tiene un culpable sino es mamá, es papá, la familia, los amigos, sus parejas y ahora el trabajo.

Asumir las responsabilidades le queda grande porque es débil y está hecha de cristal. Pobrecita Elle siempre quiere ayuda, siempre quiere un salvador o una salvadora, siempre encuentra una salida para huir de sus problemas o se queda allí quieta como un ciervo frente a la luz de un coche porque así es ella: incapaz.

Elle solía temerme y al mismo tiempo escucharme, cuando lo hacía su vida era mas tranquila porque yo era la advertencia, pero según ella tenia menos vida. Cuando yo lo controlaba todo Elle era delgada y reconocía las críticas de las personas acerca de cómo debía verse, tenia una relación con su padre y con su familia, era un accesorio de una de sus amigas y no tenia tiempo para ahogarse en ese estúpido cuento en el que ahora anda.

Porque la terapia le ha hecho más mal que bien, Elle es una hipocondríaca de la “salud mental” al ser un camaleón para complacer a todos, se cree que todo lo tiene lo que incluye esa mierda de la depresión, la ansiedad, el estrés postraumático, el auto sabotaje y el más hilarante: la baja autoestima.

¿Y saben por qué es el más hilarante? Porque cómo es posible que alguien con el nivel de narcisismo y soberbia que tiene ella no tenga amor propio. Si está sesgada por lo que piensa, es caprichosa y siempre quiere que el mundo haga lo que ella quiere porque se cree que siempre tiene la razón, con la excusa de expresarse lastima a los demás, es un mar de excusas y de mentiras. Esta tan centrada en si misma que solo hace lo que la hace sentir bien, hace sufrir a los demás mientras pelea con ella misma aun cuando sabe que de todas formas lo va a hacer, se aprovecha de los otros y los estudia hasta tal punto de saber cómo manipularlos.

No es una persona agradable y aunque dice que tiene sueños por cumplir no hace nada por ellos porque esta esperando que alguien más se los cumpla, dice que quiere ser madre pero estoy muy segura de que es para darle traumas a una pobre criatura.

No tengo más por decir solo porque puedo sentirla intentando retomar el control, como siempre. Los dejo con la mentira, Elle Tome”

La encierro en un lugar de mi mente donde puedo escuchar el murmullo y hacer mi mejor intento para ignorarla, los seres humanos somos blanco y negro, un balance perfecto, se que no soy perfecta y que estoy lejos de serlo pero mi error más grande es que dentro de mí sé que el monólogo interno en muchas cosas, tiene razón.

Son cosas que quiero cambiar, dejar atrás y cosas que tengo que aceptar y me cuesta demasiado hacer porque por más que luche por no decepcionar a nadie, por más que intenté que lo vivido en el pasado no impactara mi presente y mi futuro, hice lo que mas temía: decepcioné a alguien y ese alguien, soy yo.

Una charla conmigo

Hola ¿Qué tal? En estos días ci que esta era la forma más fácil de iniciar una conversación.

Parece que estos días estamos un poco perdidas ¿no crees? Estamos luchando con cómo nos sentimos y no encontramos las razones por las que nos sentimos así en este momento, es difícil encontrar el hilo que conecta los sentimientos de hoy con algo que sucedió en el pasado y todo es muy confuso.

Estamos decepcionadas e insatisfechas, enojadas y frustradas con nosotras mismas por no saber qué hacer ni cómo sentirnos, la incertidumbre nunca nos ha caído bien.

Las cosas no parecen mejorar, pero tampoco parecen empeorar. Estamos analizando el mundo y sus acciones, viendo como nos usan, nos alejan, nos abandonan, nos incitan a cambiar…no es un camino feliz, sin embargo con los años hemos tomado práctica en saber cuando decir adios, solo que ni la práctica lo hace más sencillo.

Es por eso que hoy vengo con un par (muchas) preguntas que espero que me contestes con el corazón y que sé que nos removerán algunos sentimientos.

¿Qué quieres en este momento? Elle suspira profundo y siente en el pecho una opresión. Su respuesta: Quiero ser feliz, sentirme tranquila, sentirme querida y cuidada, creerme valiosa y suficiente.

¿Qué quieres hacer ahora? Elle de nuevo suspira. Su respuesta con un nudo en el estómago: Quisiera estar segura de querer cambiar de trabajo, quisiera confiar lo suficiente en mi para saber que a donde quiera que vaya solo me espera crecimiento profesional y personal, quisiera tener la valentía para decir lo que pienso cuando me duele, pero más que nada quisiera dejar de dudar de mi y cómo me siento, de siempre invalidar mis emociones y pensamientos como respuesta instintiva a la protección de los sentimientos de otros por físico miedo a las represalia que vendrá hacia mi y tal vez no pueda vivir con esa culpa.

Quisiera dejar de sentirme en extremo culpable por todo, de cansarme existiendo porque siempre estoy alerta. Estoy en punto donde la libertad es mi deseo más profundo, donde siento que el peso de todo es más de lo que puedo aguantar y también quisiera tenerme la fe de que puedo con lo que la vida pone en mi camino.

¿Qué necesitas en este momento? Necesito ayuda, un soplo de libertad, necesito respirar y soltar. Dejar la presión, el querer ser perfecta, la necesidad de hacerlo todo bien y siempre ser correcta. Necesito poder equivocarme sin pensar que el mundo se va a acabar.

Pero lo que más necesito es que todo aquello que está en mi lado consciente, también se traslade a mi inconsciente porque mi respuesta natural elude el conocimiento de mi consciencia y es por eso que siempre caigo en los mismos patrones que me lastiman.

¿Cómo puedo ayudarte? Elle sonríe, su respuesta: No te vayas, no me abandones. Aunque los días no sean fáciles, aunque todo se ponga oscuro con el alma llena de dudas y de temores, quédate conmigo.

Continuemos yendo a terapia aunque allí sigamos encontrando pedazos rotos que no sabíamos que estaban allí y que se suman a la tristeza de saber lo rotas que estábamos pero también al orgullo de que hemos dado lo mejor de nosotras aunque estemos así.

Continuemos marcando límites con lo que nos lastima, alejándonos de personas con las que no nos sentimos bien por el tiempo que lo necesitemos. Interioricemos que no somos curanderas, ni sanadoras ni pañuelos de papel para que nos tomen cuando nos necesitan y luego nos boten a la basura.

El proceso ha sido lento, tenemos fe que sea porque ha sido desde la raíz. Desde aquella parte delicada, desde la niña interna que necesita confiar en el adulto que somos hoy.

¿Cómo te sientes? Enojada con quien me lastima, molesta conmigo misma por volverlo a permitir, con miedo de que acciones como haber manifestado una incomodidad acarreen alguna situación que me ponga en una posición incómoda, pero…también siento esperanza de que todo va a estar bien, de que merezco momentos de felicidad, de que sanar y dejar el dolor atrás está en mi futuro, que aunque hoy mis demonios me dejen sin energía para hacer algo por mis sueños, ellos siguen ahí como las flores más hermosas que crecen en las condiciones mas hostiles.

Gracias por esta conversación antes de dormir, Elle.

En el metro después de mucho

Crecer puede ser tan duro como creer en amistades y sentirse relegado por aquellas personas que tanto te esforzaste en ayudar y que ahora que están bien parecen haberse olvidado de ti; pero la magia de ayudar está en eso, en hacerlo por instinto y aunque esperes algo a cambio no forzar a que ocurra.

Hoy particularmente me duele pero también sé que he construido el estado de soledad actual en el que me encuentro alejando a las personas que lo intentaron, sin embargo ¿es un pecado? ¿No saber que te gusta y pelearte con lo que deberías y no hacer? Por momentos siento que es así, que estoy pagando las consecuencias del desconocimiento de mi misma y duele.

El mismo dolor que me ha permitido entender que estoy saliendo de mi comportamiento usual y que estoy sanando aunque duela más y más, puede ser que me sienta sola, que en momentos donde quiera salir no me sienta cómoda o a salvo haciéndolo sola pero llegará ese día.

Me he cansado de ser la lastimada en estas historias, quien aumente este dolor por cantidad pequeña que sea necesita salir de mi vida porque necesito felicidad y tranquilidad, que cuenten conmigo en las buenas y en las malas, en la salud y enfermedad, que esten para celebrar sus triunfos y llorar sus penas porque de nada sirve que estén solo para cuando me necesitan.

Hoy aprendo de esto, aprendo para soltar y respirar, para disfrutar el camino de regreso a casa, para abrazar y entender que la única que va a estar conmigo siempre seré yo.

Febrero y un caos: Parte 1

El domingo pasado además de caer un vendaval, me forcé a reconectar con una persona que quiero lejos de mi vida porque su presencia me hace mal, esa persona es mi papa.

Con su personalidad narcisista y en exceso independiente en cada etapa de mi vida me ha lastimado profundamente; en mi niñez pasé de verlo como la adoración de mi vida a verlo como el monstruo de mis pesadillas y del que tenía que esconderme, en la adolescencia fue esa persona que me hacia sentir avergonzada de tener en mi vida por la forma caótica y desaliñada en la que comenzó a vivir su vejez y ¿en la adultez? Toda esperanza de haber podios tener un crecimiento sano, se fue por la ventana en cada una de las veces que he tenido un ataque de ansiedad.

El domingo volvió a parecer en mi vida después de que me buscara mucho y yo cerrara la mayoría de las puertas, para saber de el siempre he tenido que hacer un bricolaje entre las cosas que me dicen los demás y lo que él mismo cuenta, de lo cual un gran porcentaje es mentira. Dramas que encierran una propiedad familiar me desató hilos de pensamiento entre los que analicé lo arraigada que estaba su personalidad narcisista en él como para buscar de forma consciente o inconsciente volver a entrar a mi vida a ser el centro de atención.

Por fuera me mostraba racional, analítica y como que no me importaba mucho mientras por dentro me estaba desmoronando con cada minuto que pasaba, muchos pensamientos, culpas, dolores, frustraciones y horas después pude quedarme a solas con mis pensamientos y descubrí el tsunami que había pasado por allí.

De mi control, tranquilidad, libertad y calma no quedaban rastros, pero el odio, el rencor y el desespero estaban allí esperándome. Hundida en medio de la oscuridad, mis pensamientos no se callaban a tal punto que parecían el murmullo de cuando mucha gente habla al mismo tiempo y jo se entiende nada, tenía sueño pero no podía dormirme, rodaba por la cama con el ruido ensordecedor en mi cabeza, con las ganas de llorar cerrando mi garganta pero sin poder hacerlo, esa noche eterna me trasladé a una vida que había dejado atrás.

Una vida de temblores, de silencios, de andar de puntas y hacerme la dormida. En algún punto de la eterna noche, me agarré la cabeza y me supliqué a mi misma parar, me supliqué casi en llanto permitirme descansar porque al día siguiente tenia que trabajar. No fue solo hasta la 1 de la mañana que me ganó el cansancio, dormí tensa como una flecha, con los músculos tiesos y en estado de alerta, dormí pero no descanse un solo minuto esperando que algo malo pasara.

Fue entonces cuando la decepción y la vergüenza volvieron a mí por no poder “superar” esta situación como una adulta; me levanté de la cama pero más que levantarme, me arrastré de la cama y cada minuto después, me moví sin importarme mucho si llegaba tarde, apilando sentimientos con cada uno de los pensamientos mas ruidosos “¿No crees que es patético seguir así?, ¿Qué tal si dejamos de perder el tiempo fingiendo que la terapia esta haciendo algo y nos resignamos a que lo que fue pasado, hoy es presente y siempre va a ser futuro?”

Caminé al trabajo con un dolor de cabeza que me hacía ir más lento de lo normal pensando, sintiendo y abrumándome cada vez más, tanto que para cuando llegué a la oficina no tenía energía ni fuerzas de nada, hablé con mi coordinadora quien me fio un lugar seguro para que luego de horas pudiera llorar, desahogarme y darle rienda suelta a mis sentimientos. Pero después fr hacerlo me sentí avergonzada de no ser fuerte, de reaccionar a las acciones de mi papá como si aún fuera una pequeña niña.

Enfoqué cada una de mis energías en mostrarme tan bien como me fuera posible, aceptando que habían un par de cosas que no iban bien pero haciéndome la fuerte y eso me costó muchas millas fe mi proceso, porque vivir se me volvió pesado a tal punto que el jueves de esa misma semana me enfrenté a un ataque de ansiedad que me duró horas, afortunadamente para mi ese mismo día tenia terapia con la psicóloga.

Esta experiencia hoy la cuento como una sobreviviente porque mientras lloraba contándole mi semana a la psicóloga por primera vez en seis meses pude ver el susto que tenía por mí, pudo ver desde la primera fila aquello que solo había visto yo: la niña interna traumada enredada con la adolescente herida y la adulta abrumada sin saber que hacer.

Me explico qué estaba pasando conmigo porque llegué a un punto en el que no sabía y no podía hacer nada conmigo misma, un punto donde estaba en automático y no podia ver mas allá de mi dolor y mi desesperación, me dijo que estaba teniendo una crisis fuerte de ansiedad, depresión y estrés postraumático, que todas las fuentes de mis recuerdos se habían mezclado con mi presente y por eso me sentía como me sentía, me pidió que parara de actuar como que estaba bien y que fuera a urgencias a que me aplicaran un sedante leve y me incapacitaran porque no estaba bien y después de horas en un ataque de ansiedad necesitaba descansar como me lo estaba pidiendo el cuerpo a gritos.

Pero yo, forzando mis límites siempre le pedí otras opciones. No quería sentirme mas débil ni mas vulnerable de lo que me sentía en ese momento .

De incertidumbres laborales y priorizar el amor propio

Se suponía que el fin de semana pasado volvería a este lugar a escribir como parte de un ejercicio personal, pero la razón por la que no lo hice fue porque me encontraba más allá de lo exhausta ¿Por qué? Porque el trabajo parece estar agotando todas mis energías, como un resumen.

Durante mucho tiempo todo lo que le pedí al universo fue un trabajo estable y ahora que lo tengo he comenzado a replantearme qué era lo que estaba pidiendo, el costo de eso y resignificando la palabra «estabilidad». Llevo 1 año y medio aproximadamente en mi trabajo actual, los primeros tres meses fueron un sueño hecho realidad, después llego la realidad a mostrarme solo lo malo y luego llegue a un status quo. Mi percepción del trabajo mejoro porque hace un año llego a trabajar conmigo una persona que hoy es una de las mujeres que más admiro y la que llamaremos Inspiración, con todo el conocimiento y las ganas de construir sobre lo que habíamos trabajado tan duramente, esa mujer convirtió el trabajo en un aula de clase, se convirtió en alebrije, coordinadora de trabajo y guía de vida. Por lo que mis días de padecer ir a trabajar y sentirme mal se redujeron al mínimo, porque esta persona cambio cada jornada laboral para bien.

Sin embargo, los últimos meses las situaciones se han hecho más pesadas y con el tiempo me he sentido más cargada de trabajo y más invisible ante los ojos de las directivas de mi lugar de trabajo. El fin de semana pasado puedo describirlo como una jornada de tortura, más allá de tener muchas variables fuera de mi control puede ser la primera vez en un año que sentí decepción viniendo de Inspiración, pero más que eso fue sentir que sin importar que tanto trabajara, no iba a ser suficiente y mi esfuerzo no iba a ser recompensado de alguna forma que fuera acorde a mi bienestar.

Salí de la oficina hecha una furia sintiendo que me ahogaba por las palabras no dichas, llamé a mi mamá y aunque el día anterior también me había quejado y sentido la necesidad de tomar medidas drásticas para cambiar mi situación procedí a contarle cómo me sentía mientras manejaba y ella me escuchaba con paciencia, llegué a casa sintiéndome tan mal que no quería saber de nadie, archive los chats, active el modo no molestar y medite para calmarme, escuché meditación para dormir hasta que mi cuerpo finalmente se dejo ir. Ese día entendí que necesitaba armar un plan de acción porque no podía seguir haciéndome eso y el resto del fin de semana fue pensar en cómo accionar y cómo proceder.

La incertidumbre se adueño de mi, de la mano de una valentía infundada por las emociones fuertes pero en medio de esa tormenta de emociones vi algo que no puedo negarme, que es la principal razón por la que estoy escribiendo hoy: Ha sido una semana donde mi productividad ha aumentado pero no porque esté motivada desde mis labores o relación con la empresa sino porque acordé conmigo misma pavimentar mi salida de aquel lugar mientras aun tuviera algún aprecio y buenos recuerdos de allí, mi mejor analogía es que es mejor dejar una relación cuando hay algo de amor que cuando ya no queda nada y no quieres volver a ver a esa persona nunca más en tu vida. Así que di lo mejor de mí, haciendo todo lo que me correspondía mientras en las noches inicié un curso que solo seguía dándome ideas además de herramientas para solucionar problemas que tenia en mis actividades diarias, me sentía satisfecha y me impulsé a edificar limites con todo lo que respecta al trabajo y mi estado de ánimo, concentrarme solo en trabajar e ignorar todo lo demás porque creer en la empresa es algo que no me puedo permitir en este momento.

Sin embargo hoy, después de una jornada menos estresante y siendo el ultimo día de unas capacitaciones escuché al presidente de la compañía darnos su discurso usual donde menciona que su sueño es hacer nuestros sueños realidad y que su capital humano fuera de capaz , es valioso. Me pregunté ¿Dónde están los sueños de todos? ¿Dónde está el cumplimiento de esa promesa de valor?¿Dónde está el bienestar de todos? Una de mis compañeras que lleva un poco más que yo se le salieron las lágrimas estando a mi lado, escuché sus sentimientos de frustración y también los sentí; al llegar a casa compartí con mi mamá lo que había pasado y algunas de las cosas que estaban en mi mente durante la semana como: la diferencia entre el trato pro departamentos y lo más importante cómo me sentía allí.

Es por eso que esto lo escribiré para la Elle del futuro, aquella que tendrá que tomar una decisión importante «Hoy le dijiste a tu madre: yo sé que no soy la persona más especial como algunos de mis compañeros con una personalidad extrovertida y arrolladora, pero sé que soy valiosa como trabajadora porque no tengo miedo de trabajar, porque me gusta hacerlo, porque sé qué debo hacer y en los tiempos que debo hacerlo, porque no tengo que tener un policía a mi lado para hacer lo que se supone que debo hacer. Pero sobre todo porque trabajo con amor, me enamoro de lo que hago y cada vez aprendo más y más para hacerlo mejor; en este lugar siento que me dan por sentada y tal vez para ellos no sea especial, pero para mí, lo soy. Y es por eso que no puedo evitar ver que en casi 2 años no han tenido un detalle individual conmigo porque soy la tierra que no hay que arar para que dé, pero incluso las personas que somos calladas y no damos problema queremos sentirnos apreciadas y valoradas por las personas que nos rodean, seamos trabajadores dispensables y fáciles de cambiar para una empresa o lo que sea.»

Entonces me detuve al darme cuenta, que después de mucha terapia psicológica e interiorización hice mi segundo acto de amor propio «No querer quedarme en un lugar donde me dan por sentado y me hacen sentir invisible», pero también me dije yo me veo, sé lo valiosa que soy, sé cuán especial soy, sé cuanto dinero y energía ha gastado mi mamá en ayudarme a convertirme en la profesional que soy hoy en día. Sé que no necesito que me hagan sentir especial porque yo ya sé que lo soy, pero también sé no quiero estar en un lugar que es incapaz de ayudarme en mi proceso de aceptación y de mejora en mi relación conmigo misma» Y esto sonara como un capricho de una nueva generación y la verdad, poco me importa, porque a la final mi salud mental es lo que me acompaña día a día, hora a hora, minuto a minuto en cada momento de mi vida, entonces ¿por qué no darle prioridad?

Por muchos años, en muchos lugares, en muchas relaciones me he sentido como alguien poco especial, del común, que es invisible ante los ojos de los demás porque era incapaz de verme por lo que soy, pero este camino de hacerme cargo de mi misma y varias personas, me han levado a ver lo especial que soy, no desde la soberbia, el ego y el orgullo, sino desde el amor propio (que solo Dios y mi psicóloga saben cuanto me falta) pero hoy elijo dar un paso tembloroso adelante por todas las Elle de mi pasado que eran ciegas ante sus virtudes para decirle «Hey, eres tan especial como para cambiar vidas desde el amor» , «Mereces estar en un espacio donde te hagan sentir vista y te tomen de la mano para que veas más de la luz que eres» y por último «Si te hacen sentir menos de lo que realmente eres, seas consciente de eso, lo aceptes o no, es un lugar del cual debes despedirte porque no merecen ni tu tiempo ni tu maravillosa energía»

En algún momento el presidente de la empresa me menciono algo sobre permitirme ser la persona que era con el potencial que tenía, haciendo más referencia a mi físico que otra cosa, pero a pesar de que no recuerdo sus palabras exactas lo que me dejo de moraleja es que soy una persona increíble que me puedo permitir ser libremente pero también que los espacios seguros son aquellos lugares y personas donde me permito ser en mi proceso de mejorar mi relación conmigo misma, es decir, mi círculo de apoyo es la red de seguridad que me permite seguir abrazando a la persona especial, valiosa y maravillosa que soy para que crezca, evolucione y se muestre más al mundo con menos miedo de ser juzgada, abatida o vulnerada.

Esta semana inicié una nueva etapa que llamé: Cambiar mi presente, porque aunque tenga miedo de hacerlo por salir de mi zona de confort, es un grito de auxilio interno y eso es algo que no puedo volver a ignorar, ni hoy ni nunca más.

Querida Elle Tome de 2019:

En la primera entrega para este blog escribiste que por tu salud mental habías decidido tener cambios en tu vida porque sino los tenías, temías que irte de ti misma, perderte por completo y que finalmente la ansiedad, la depresión y tus otros demonios habrían ganado la batalla.

Así que, una pandemia y un trabajo estable después Elle Tome de 2023 se permite contarte que esos temores se han hecho realidad y que de paso, conocemos los otros demonios que te atormentaban y que ahora se sienten como si hubiesen ganado la batalla. Hoy, eres una persona distinta y no somos felices.

Tu refugio en la escritura ha desaparecido casi por completo, ya que has elegido racionalizar tus emociones como forma de tratar con ellas y recogerlas en el closet para cuando puedas lidiarlas. Estamos en un punto medio entre dejarnos de lado por todos los demás y priorizarte demasiado a ti misma.

Cambiamos, cambiamos tanto que hay días en que no puedo reconocernos, días en que no estoy segura de por qué hacemos las cosas ni tras de qué vamos, siento que vivimos en piloto automático, dejando que la vida nos lleve mientras intentamos tratar con el pasado que tanto daño nos ha hecho, y ha sido tan difícil y tan cansado, a tal punto que la palabra cansancio se siente gastada.

Estamos yendo a terapia y aquí dentro no nos termina de gustar nuestra psicóloga porque nos dice cosas que no queremos escuchar pero que necesitamos; es muy difícil batallar con todo lo que pasa día a día y es tan fácil dejarse llevar por el trabajo y culparlo de todo cuando la verdadera razón del agotamiento está en nuestra mente y nuestro corazón.

¿Y nuestros padres? La relación con papá está más rota que antes y el dolor se ha vuelto más grande, bloqueamos todos sus números y llevamos muchos meses sin verlo y sin saber de él, sabiendo obligada a raíz de comentarios de terceros que siguen forzándolo en nuestra vida ¿Cómo nos sentimos con eso? Seguimos queriendo que el pasado no existiera, que él hubiese cambiado todas sus elecciones y cada vez que pensamos en ese tema queremos derrumbarnos a llorar pidiendo piedad porque duele demasiado, seguimos queriendo a ese papá ideal que nunca tendremos y ese anhelo lastima la parte más blanda de ambas.

La relación con mamá es algo que es complejo poner en palabras, ya que la dependencia emocional ha sido identificada y la última vez que pensamos en no tenerla en nuestra vida tuvimos un ataque de pánico, pero más allá de eso hemos crecido como madre e hija, hemos aprendido a poner límites y hemos comenzado a vivir nuestras vidas un poco más por separado. Ahora somos conscientes de lo poco sano y doloroso que es pensar que solo la tenemos a ella en nuestra vida y que el resto del mundo no es confiable. Nos seguimos sintiendo cansadas y a la defensiva cuando estamos en casa forzándonos a ser las niñas buenas y perfectas que suponemos que ella quiere tener, haciendo casi siempre lo que nos pide, diciendo que sí a cosas que no queremos hacer pero en menor medida, sintiéndonos usadas por ella cada tanto y sintiendo que a veces solo nos busca cuando nos necesita. De conciencia y lógica puedo decirte que nos ama pero de acciones, por momentos, nos sentimos desesperadas y a nuestra manera huimos; ya sea encerrándonos en nuestro cuarto, viendo una serie o leyendo. Incluso en casa sentimos que estamos huyendo, no nos sentimos cómodas y no nos sentimos felices si ella está con nosotras porque sentimos la presión de complacer aunque no lo ejecutemos, pero esa voz en nuestra cabeza que dice «haz lo que ella te pida, hazla feliz, haz lo que tengas que hacer para que no hayan peleas, para que no te deje de querer» todavía se mantiene allí, haciendo aun más agotador vivir pensando que incluso cuando pensamos en nuestra madre sentimos que tenemos que batallar para recibir y mantener su amor a pesar de que ella no nos lo haya negado directamente nunca.

Los cambios nos han servido para cosas positivas como sentirnos un poco más independientes, abordar retos y aprender de nuestras capacidades aunque todavía dudemos de ellas. Hemos tenido cambios positivos y negativos, lo que es seguro es que entre más pasa el tiempo más nos desconocemos. Parece ser que se nos pasan los días sin propósitos lidiando con dolores y penas propios y de los demás, vivir se siente horrible, es una vorágine de pendientes que pasan como un borrón a alta velocidad, días que se hacen eternos y otros que pasan tan rápido que no se sienten. No sabemos quién es Elle, solíamos pensar que amaba escribir pero ahora no saca tiempo para hacerlo, la descubrimos amante al yoga pero tampoco hay tiempo y estamos así: el tiempo pasa y pasa y nosotros nunca tenemos tiempo para nada, por miedo a todo.

El hastío nos ha llegado, el agotamiento por las personas, se nos dificulta cada vez creer más y más en las bondades del ser humano porque entre más personas conocemos más nos damos cuenta de que a nadie le importa nada; seguimos perdiendo la esperanza de tiempos mejores y del futuro. Porque no importa que tanto nos esforcemos en que las cosas sean diferentes, de alguna manera terminamos cayendo en nuevos circulos del horror que nos hacen sentir aun más miserables.

Las películas románticas ya no están en nuestro radar ni tampoco las novelas donde hay mujeres que son amadas, porque internalizamos que el amor no es para nosotras, pero de eso hablaremos en la siguiente entrada. Así es, todo lo que solíamos conocer de nosotras mismas teniendo la seguridad de que siempre iba a estar ahí, se ha ido y hoy nos fuimos de nosotras mismas, de la persona que solíamos ser. Creemos que el amor existe pero aprendimos que no lo es todo, ya no soñamos despiertas antes de ir a dormir con aquello que queríamos hacer si tuviéramos la oportunidad porque sabemos que nunca pasó que se hiciera realidad y que nunca lo haría, escribimos para trabajar y hemos desmejorado notablemente en ello porque dejamos de ponerle el corazón a la escritura, ahora buscamos manipular con nuestros escritos y nuestras palabras, andamos por la vida fingiendo que estamos bajo control y solo dejando ver vistazos de nuestra humanidad para que los demás confíen, pero la verdadera persona está blindada y escondida llorando en un rincón.

¿Y la salud mental? Aquí parecemos bailando dos pasos adelante y uno para atrás, sufrimos de ansiedad, depresión, despersonalización y baja autoestima, criada por dos narcisistas tal y como era de esperarse somos eso que tanto odiamos: un narcisista más, una persona que quiere todo hecho a su manera, difícil de aceptar consejos u opiniones, tan centrada en si misma que siente que todo es un ataque personal a su valía como persona, quien a pesar de odiarse a si misma (porque es otra espantosa verdad que hemos tenido que aceptar) está dispuesta a protegerse y ponerse sobre todos los demás. Seguimos yendo a terapia pero entre más desenterramos el panorama se vuelve más sombrío, tenemos pánico a sentirnos vulnerables porque cuando verdaderamente lo éramos nadie estuvo para protegernos por completo y ahora sentimos miedo paralizador de volver a repetir situaciones como esas que tuvimos que pasar con todas las consecuencias que trajo eso para nuestra adultez.

Estamos arrinconadas por el miedo en la misma esquina de nuestra habitación donde pensábamos que estaríamos a salvo y alguien más que parece una versión más fea, vieja, cansada y desgastada de nosotras mismas está viviendo nuestra vida. No nos gusta esa persona porque no nos reconocemos en ella pero ha sido más gentil con nosotras de lo que alguna vez hemos sido tú y yo, esa persona escucha lo que estamos sintiendo y ha callado a la voz detractora y destructiva de nuestra cabeza, ha formado comportamientos sanos de meditación, ejercicios de manejo de la ansiedad, ha escuchado nuestras necesidades, priorizado nuestros sentires, manifestado y comunicado cómo nos sentimos, está luchando por ser la adulta que necesitamos cuando éramos más pequeñas, sigue intentando día con día confiar más en nosotras y animarnos a ver nuestro potencial, ha permitido dejar entrar y conocer personas que nos han traído nuevos espejos para vernos, ha puesto la negligencia a un lado, nos ha levantado y sacudido las rodillas para que podamos seguir.

Hemos perdido mucho de lo que éramos pero sé que podemos recuperarlo y mejorarlo porque ¿sabes qué es lo que más ha cambiado? Que ya no somos ni estamos en un barquito flotando para donde lo lleve la marea sin ruta de navegación, ahora la persona que somos está remando hacia un destino que si bien no está totalmente claro, se sabe que está ahí y por eso está aún más cansada, fea, vieja y desgastada porque ha luchado con todo para tomar esos remos, para levantarnos, consolarnos y seguirnos demostrando que si podemos, porque aunque sabe que la única presencia que tenemos en nuestro control y es para siempre, es la de nosotras mismas, sabe que también necesita aliados en nuestra lucha y los ha conseguido a pesar del miedo y la incertidumbre.

Con nuevos temores, nuevos demonios, una ruta de navegación con un destino no tan claro seguimos intentando vivir, Elle. Y aunque todavía lloremos con dolores viejos, tengamos anhelos de cosas que no podemos cambiar: lo estamos haciendo lo mejor que podemos y esa persona en la que hoy no nos reconocemos merece que la amemos.

De la frustración y otros males

Estoy cansada emocionalmente de luchar conmigo misma y lo que pasa por mi mente, mis reacciones siempre sobre pensadas y la sensación de desagrado por mi que no puedo evitar cuando no puedo controlarme. Estoy siempre dividida entre el quién soy y la persona que verdaderamente quisiera ser.

Mire una foto mia cuando era niña, aquella que dejo como ejercicio para tratarme mejor, solté algunas lágrimas porque no sabía cómo explicarle que estamos tan dañadas que cualquier cosa pequeña puede lastimarnos, que cosas que no deben afectarnos emocionalmente lo hacen, que no necesitamos siempre hacer las cosas bien para ser amadas, que somos más que lo que hacemos día a día, que somos suficientes para ser amadas.

Entonces me vi al espejo y suspiré porque verme de niña me da tristeza y nostalgia, porque tuve que aceptarme a mi misma algunos de los pensamientos más oscuros en mi mente. Hoy quise ser capaz de mucho pero el cansancio emocional me pudo, hoy he pensado que mo merezco disfrutar nada porque no lo he hecho bien, porque un cliente no ha estado satisfecho con mi trabajo desde el momento cero y yo sé que no he dado lo mejor que puedo para lograrlo por mi ego, mis ganas de hacer siempre lo que yo quiera y la falta de tiempo de todos los pendientes del día a día.

Hoy no la he tenido fácil porque he luchado contra la oscuridad en mi mente, contra la sensación de tristeza y derrota, se que mañana va a ser un día mejor y también tendré respuestas para recuperarme del golpe, de los golpes que he recibido estos días, porque cada día siento que me estoy hundiendo un poquito más en lo que quizás es otro episodio de depresión combinado con ciclo menstrual.

Hoy ordené mi habitación.

Desde hace unas horas estoy internamente sorprendida de ver mi habitación organizada sin ropa lavada apilándose, de todo esparcido en mi escritorio, mi closet con todo amontonado lo uno sobre lo otro y cosas encajadas allí haciendo su mejor esfuerzo por mantener el balance.

Aplacé por meses organizar mi habitación, unos días muy cansada de mi propia existencia más allá del trabajo, otros días con ganas de intentar hacer cosas que me relajen y no ordenar, porque a pesar de que soy buena haciéndolo la idea de poner todo en orden me estresa ¿por qué razón? Mi mente es un lugar extraño y caprichoso, hace las cosas cuando quiere y además de ello tiene una forma especifica de cómo hacerlo, sino sigue el proceso el malestar me persigue hasta que me permito hacerlo como se supone que debería.

Así que hace semanas me puse de acuerdo conmigo misma en ordenar mi habitación este fin de semana ya que en cuestión de 14 días estaré de nuevo en el ritmo de la temporada alta del trabajo (Sí, aquella época horrible donde todo es incertidumbre, temor e inquietud) pero llego el fin de semana y mi cuerpos e negó a hacer lo acodado, se estrenó una serie de libros y quedé prendada a ellos. Hoy, sin embargo, miré a mi alrededor y fue un acuerdo unánime: mi cuarto se había salido de control y necesitaba darle sentido, además mucho se dice por ahí de que cuando la mente es un desastre, tus espacios te reflejan y particularmente hoy me sentía con ganas de que mi cuarto reflejara el cómo se ha estado sintiendo mi mente. Me puse manos a la obra y me arrepentí a la hora, viendo como mi cama estaba hasta el tope de prendas de vestir y eso que ya había comenzado en más de una ocasión a intentar lograr esta tediosa tarea, me acosté encima de la ropa esparcida, me quejé por mensaje con mis amigos y me volví a levantar, repetí eso varias veces en el día, incluso cuando me sentí con ganas de darme por vencida me detuve y leí un par de capítulos de un libro de la serie que ya les había mencionado, volví a levantarme y de nuevo al ruedo.

Entre canciones de karaoke en español, cantar a grito herido, bailar con la ropa que estaba siendo ordenada continué hasta que no quedó una prenda en mi cama, volví a organizar la parte de atrás donde había estado apilada y reorganicé todo lo que había allí ¿y adivinen qué? Encontré más ropa ¡Por supuesto que había más! M enoje pero respiré profundo recordándome que siempre iba a haber más sobre todo por mi tendencia ansiosa a tener de todo en el closet para que ninguna situación me tome desapercibida, también está el hecho de que la lavadora estaba haciendo lo suyo (aunque más tarde me di cuenta de que realmente no tenía mucha ropa mía lavándose)

Me terminaron doliendo las rodillas pero cuando finalmente miré a mi alrededor me sentí: satisfecha. Pasé el día sacudiendo, doblando, colgando, botando, moviendo de aquí para allá y valió la pena sólo por la sensación en mi cabeza de «así es como estamos en este momento» Y ya sé que muchas personas se quedarían pensando ¿por qué tanto alboroto por organizar una habitación? Después de meses, casi un año posponiéndolo, finalmente lo hice. Con ansiedad, depresión y otros mil demonios que me he descubierto en terapia ¡Lo hice! Me cumplí a mi misma, me di a mi misma lo que estaba pidiendo, me supere en cada momento que quise dejar de hacerlo hasta que obtuve un resultado final que me dejó sintiéndome feliz.

No sólo por mi habitación ¡también logré escribir! Ayer y también hoy, sigo luchando con terminar mis deberes del diplomado pero sé que en un momento avanzaré con ellos. Volví a estar bien después de una semana que les contaré en el siguiente post después de este.

Mi resumen es: conocerse es permitirse aplazar hasta que puedas cumplirte.

Iniciando el diplomado

Hace unos meses me propuse disfrutar mi maestría como parte del sueño que tenía de ser escritora, sin embargo me pedí estudiar algo relacionado con una fuente de ingresos, en este caso mi trabajo en el mundo del marketing. Hoy finalmente y después de meses de esperar que el diplomado comenzará estoy haciendo mi primera inversión en el futuro ¿Cómo así? Es la primera vez que yo sola saco dinero de mi cuenta para mi educación ¿Cómo me siento? Estoy nerviosa por intentar hacerlo bien -con eso de que mi coordinadora del trabajo también es docente allí- pero más allá de eso siento el peso de realizar algo que inicié por mis propios medios y que nació desde mi propia iniciativa. Pero más allá del nervio, me siento un poco más como yo misma porque aunque estoy cansada después de un día en el trabajo, estoy sentada frente a mi viejo computador -que a gritos pide un cambio- intentando estudiar para no sentirme perdida en muchos de los aspectos del área en la que trabajo.

Es gracioso que en el momento es que me sentí un poco abrumada por mis emociones, estando frente a mi computador, me sentí con ganas de escribir y comencé a procrastinar, recordando pendientes tecnológicos en caso de perder el acceso a este equipo, recordé las maravillas de escribir y dejar ir mis emociones. Me pasa muy seguido estos días que no estoy muy segura de quién soy ni de lo que me motiva día a día, no soy consiente de mis objetivos y metas en la vida, hay días en los que simplemente siento que voy de copiloto en un automóvil y este no se detiene por mucho que yo quiera, pero en medio de esta bruma de sentimientos y sensaciones hay constantes que me anclan a quién soy en esencia (bueno, a quién quiero creer que soy en esencia) la escritura y el aprendizaje son unas de ellas, estoy sintiendo un impulso por ocuparme al máximo como en el pasado pero no estoy segura de ser capaz de hacerlo y disfrutarlo porque ahora disfruto estar conmigo misma más de lo que hacía antes. No pensé que con los 26 años pudiera aprender aspectos de mi personalidad que han estado siempre conmigo pero e hace más fácil verlos.

Quiero volver a escribir y sentir que estoy haciendo las cosas bien, conectarme con un grupo de gente y hacerlos sentir a través de las palabras, crear historias y personajes desde lo más básico y perderme en sus mundos, transmitiéndoles mis emociones y dejándolos vivir lo que yo no me dejo vivir a mi misma por mis miedos y dudas.

Inicio un diplomado pero siento que estoy iniciando otra etapa de mi vida y de la Elle que soy en este momento, aquí en el presente. Porque aunque nos aferremos a las personas que en un momento específico éramos y nos reconocíamos allí, dejamos de serla y ahora somos alguien casi completamente distinto y tal vez mejores o peores pero el intento de amor propio sigue allí.