En la primera entrega para este blog escribiste que por tu salud mental habías decidido tener cambios en tu vida porque sino los tenías, temías que irte de ti misma, perderte por completo y que finalmente la ansiedad, la depresión y tus otros demonios habrían ganado la batalla.
Así que, una pandemia y un trabajo estable después Elle Tome de 2023 se permite contarte que esos temores se han hecho realidad y que de paso, conocemos los otros demonios que te atormentaban y que ahora se sienten como si hubiesen ganado la batalla. Hoy, eres una persona distinta y no somos felices.
Tu refugio en la escritura ha desaparecido casi por completo, ya que has elegido racionalizar tus emociones como forma de tratar con ellas y recogerlas en el closet para cuando puedas lidiarlas. Estamos en un punto medio entre dejarnos de lado por todos los demás y priorizarte demasiado a ti misma.
Cambiamos, cambiamos tanto que hay días en que no puedo reconocernos, días en que no estoy segura de por qué hacemos las cosas ni tras de qué vamos, siento que vivimos en piloto automático, dejando que la vida nos lleve mientras intentamos tratar con el pasado que tanto daño nos ha hecho, y ha sido tan difícil y tan cansado, a tal punto que la palabra cansancio se siente gastada.
Estamos yendo a terapia y aquí dentro no nos termina de gustar nuestra psicóloga porque nos dice cosas que no queremos escuchar pero que necesitamos; es muy difícil batallar con todo lo que pasa día a día y es tan fácil dejarse llevar por el trabajo y culparlo de todo cuando la verdadera razón del agotamiento está en nuestra mente y nuestro corazón.
¿Y nuestros padres? La relación con papá está más rota que antes y el dolor se ha vuelto más grande, bloqueamos todos sus números y llevamos muchos meses sin verlo y sin saber de él, sabiendo obligada a raíz de comentarios de terceros que siguen forzándolo en nuestra vida ¿Cómo nos sentimos con eso? Seguimos queriendo que el pasado no existiera, que él hubiese cambiado todas sus elecciones y cada vez que pensamos en ese tema queremos derrumbarnos a llorar pidiendo piedad porque duele demasiado, seguimos queriendo a ese papá ideal que nunca tendremos y ese anhelo lastima la parte más blanda de ambas.
La relación con mamá es algo que es complejo poner en palabras, ya que la dependencia emocional ha sido identificada y la última vez que pensamos en no tenerla en nuestra vida tuvimos un ataque de pánico, pero más allá de eso hemos crecido como madre e hija, hemos aprendido a poner límites y hemos comenzado a vivir nuestras vidas un poco más por separado. Ahora somos conscientes de lo poco sano y doloroso que es pensar que solo la tenemos a ella en nuestra vida y que el resto del mundo no es confiable. Nos seguimos sintiendo cansadas y a la defensiva cuando estamos en casa forzándonos a ser las niñas buenas y perfectas que suponemos que ella quiere tener, haciendo casi siempre lo que nos pide, diciendo que sí a cosas que no queremos hacer pero en menor medida, sintiéndonos usadas por ella cada tanto y sintiendo que a veces solo nos busca cuando nos necesita. De conciencia y lógica puedo decirte que nos ama pero de acciones, por momentos, nos sentimos desesperadas y a nuestra manera huimos; ya sea encerrándonos en nuestro cuarto, viendo una serie o leyendo. Incluso en casa sentimos que estamos huyendo, no nos sentimos cómodas y no nos sentimos felices si ella está con nosotras porque sentimos la presión de complacer aunque no lo ejecutemos, pero esa voz en nuestra cabeza que dice «haz lo que ella te pida, hazla feliz, haz lo que tengas que hacer para que no hayan peleas, para que no te deje de querer» todavía se mantiene allí, haciendo aun más agotador vivir pensando que incluso cuando pensamos en nuestra madre sentimos que tenemos que batallar para recibir y mantener su amor a pesar de que ella no nos lo haya negado directamente nunca.
Los cambios nos han servido para cosas positivas como sentirnos un poco más independientes, abordar retos y aprender de nuestras capacidades aunque todavía dudemos de ellas. Hemos tenido cambios positivos y negativos, lo que es seguro es que entre más pasa el tiempo más nos desconocemos. Parece ser que se nos pasan los días sin propósitos lidiando con dolores y penas propios y de los demás, vivir se siente horrible, es una vorágine de pendientes que pasan como un borrón a alta velocidad, días que se hacen eternos y otros que pasan tan rápido que no se sienten. No sabemos quién es Elle, solíamos pensar que amaba escribir pero ahora no saca tiempo para hacerlo, la descubrimos amante al yoga pero tampoco hay tiempo y estamos así: el tiempo pasa y pasa y nosotros nunca tenemos tiempo para nada, por miedo a todo.
El hastío nos ha llegado, el agotamiento por las personas, se nos dificulta cada vez creer más y más en las bondades del ser humano porque entre más personas conocemos más nos damos cuenta de que a nadie le importa nada; seguimos perdiendo la esperanza de tiempos mejores y del futuro. Porque no importa que tanto nos esforcemos en que las cosas sean diferentes, de alguna manera terminamos cayendo en nuevos circulos del horror que nos hacen sentir aun más miserables.
Las películas románticas ya no están en nuestro radar ni tampoco las novelas donde hay mujeres que son amadas, porque internalizamos que el amor no es para nosotras, pero de eso hablaremos en la siguiente entrada. Así es, todo lo que solíamos conocer de nosotras mismas teniendo la seguridad de que siempre iba a estar ahí, se ha ido y hoy nos fuimos de nosotras mismas, de la persona que solíamos ser. Creemos que el amor existe pero aprendimos que no lo es todo, ya no soñamos despiertas antes de ir a dormir con aquello que queríamos hacer si tuviéramos la oportunidad porque sabemos que nunca pasó que se hiciera realidad y que nunca lo haría, escribimos para trabajar y hemos desmejorado notablemente en ello porque dejamos de ponerle el corazón a la escritura, ahora buscamos manipular con nuestros escritos y nuestras palabras, andamos por la vida fingiendo que estamos bajo control y solo dejando ver vistazos de nuestra humanidad para que los demás confíen, pero la verdadera persona está blindada y escondida llorando en un rincón.
¿Y la salud mental? Aquí parecemos bailando dos pasos adelante y uno para atrás, sufrimos de ansiedad, depresión, despersonalización y baja autoestima, criada por dos narcisistas tal y como era de esperarse somos eso que tanto odiamos: un narcisista más, una persona que quiere todo hecho a su manera, difícil de aceptar consejos u opiniones, tan centrada en si misma que siente que todo es un ataque personal a su valía como persona, quien a pesar de odiarse a si misma (porque es otra espantosa verdad que hemos tenido que aceptar) está dispuesta a protegerse y ponerse sobre todos los demás. Seguimos yendo a terapia pero entre más desenterramos el panorama se vuelve más sombrío, tenemos pánico a sentirnos vulnerables porque cuando verdaderamente lo éramos nadie estuvo para protegernos por completo y ahora sentimos miedo paralizador de volver a repetir situaciones como esas que tuvimos que pasar con todas las consecuencias que trajo eso para nuestra adultez.
Estamos arrinconadas por el miedo en la misma esquina de nuestra habitación donde pensábamos que estaríamos a salvo y alguien más que parece una versión más fea, vieja, cansada y desgastada de nosotras mismas está viviendo nuestra vida. No nos gusta esa persona porque no nos reconocemos en ella pero ha sido más gentil con nosotras de lo que alguna vez hemos sido tú y yo, esa persona escucha lo que estamos sintiendo y ha callado a la voz detractora y destructiva de nuestra cabeza, ha formado comportamientos sanos de meditación, ejercicios de manejo de la ansiedad, ha escuchado nuestras necesidades, priorizado nuestros sentires, manifestado y comunicado cómo nos sentimos, está luchando por ser la adulta que necesitamos cuando éramos más pequeñas, sigue intentando día con día confiar más en nosotras y animarnos a ver nuestro potencial, ha permitido dejar entrar y conocer personas que nos han traído nuevos espejos para vernos, ha puesto la negligencia a un lado, nos ha levantado y sacudido las rodillas para que podamos seguir.
Hemos perdido mucho de lo que éramos pero sé que podemos recuperarlo y mejorarlo porque ¿sabes qué es lo que más ha cambiado? Que ya no somos ni estamos en un barquito flotando para donde lo lleve la marea sin ruta de navegación, ahora la persona que somos está remando hacia un destino que si bien no está totalmente claro, se sabe que está ahí y por eso está aún más cansada, fea, vieja y desgastada porque ha luchado con todo para tomar esos remos, para levantarnos, consolarnos y seguirnos demostrando que si podemos, porque aunque sabe que la única presencia que tenemos en nuestro control y es para siempre, es la de nosotras mismas, sabe que también necesita aliados en nuestra lucha y los ha conseguido a pesar del miedo y la incertidumbre.
Con nuevos temores, nuevos demonios, una ruta de navegación con un destino no tan claro seguimos intentando vivir, Elle. Y aunque todavía lloremos con dolores viejos, tengamos anhelos de cosas que no podemos cambiar: lo estamos haciendo lo mejor que podemos y esa persona en la que hoy no nos reconocemos merece que la amemos.