Hay muchas razones por las que en los últimos años he estado más que conectada con mis emociones y rutinas, desde niña he tenido una relación muy estrecha con quién soy y cómo soy, por la ansiedad, los traumas y porque a fin de cuentas siempre he sido la unos persona que ha estado conmigo en las malas y en las buenas.
Así que cuando tres días después de la muerte de mi amigo, mi mente se silenció, sentí el verdadero terror. No me sentía ansiosa ni depresiva, el constante murmullo y dudas en mi cabeza repentinamente ya no estaban, el dolor estaba ahí pero se sentía entumecido. Me volqué al trabajo aprovechando que Inspiración estaba de vacaciones y yo había quedado a cargo de muchas de sus tareas, me enfoqué en hacerlo todo y que todo el mundo estuviera bien.
Coincidencialmente ese viernes tenía terapia y mientras narraba lo difícil que había sido, de sentía como que era la historia de otra persona, el dolor de otra persona, pero en cuanto tocaba algún recuerdo volvía a sentirme como una caja vacía. Mi psicóloga me dijo que había sido mucho en muy poco tiempo y me recomendó vernos la siguiente semana para ver cómo iba.
Seguí trabajando el triple, enfrentándome a mis emociones en las noches pero encontrándome de nuevo con el silencio ensordecedor, comencé a desconocerme; actuaba como un robot y reacciona a como se suponía que debía reaccionar, incluso para enfermarme mi cuerpo tomo la decisión de caer en cama justo un día que no tenia que ir a la oficina. Me frustré en terapia por no sentirme como yo, por no sentir ni poder pensar en el dolor, por no llorar y estremecerme; por no poder reaccionar de una forma “sana” pero fue allí mientras me exigía procesar mi pérdida de la manera correcta que me di cuenta de cuantos duelos estaba haciendo con la pérdida de él.
Más tarde en el mes, las cosas en el trabajo se complicaron y tuve que establecer límites diciendo a viva voz “No estoy en la capacidad mental, emocional ni física para aguantar esto de este compañero de trabajo, no quiero hacerlo y no lo voy a hacer porque a duras penas me estoy manteniendo a flote”. Por esos mismos días mi papá llamó con su circo de pendejadas queriendo que resolviera un problema en su vida, me negué e intentó manipularme con una de sus frases y amenazas más comunes, me cortó tajante, volví a sentir un poco y expresé “Porqué la vida me quita personas que quieren mi bienestar y me deja personas que solo me traen caos y problemas a mi vida”, también fui a verme la película de la Barbie a desbloquear los recuerdos más bellos de mi infancia y a conectarme con mi niña interior que fue feliz, me devolvió el aire y pude sentir una vez más.
Tuve que enfrentarme a líos administrativos desgastantes, a encontrarme con la culpa y el tener que llamar a Inspiración en sus vacaciones porque no sabía que hacer. Las emociones volvieron, una noche lloré por Hermosurita, le pedí disculpas, recordé lo hermoso que vivimos y los planes, abracé mi dolor y me consolé hasta que me quedé dormida y al día siguiente ya no me levanté en silencio ni entumecida por el dolor.
Me levanté inspirada, queriendo honrar a una de las personas que me veía de la forma más bonita posible, que creyó siempre que yo podía lograrlo todo, que fue mi fan #1 sin condiciones. Que me amó a su manera y con el que a la final siempre intentamos ser sinceros y honestos el uno con el otro, ese día me prometí trabajar aun más duro en ser esa persona que él se fue creyendo que era, es imagen grande, segura y fuerte que tenía de mí y además, me prometí vivir los momentos, aprovechar el ahora con mis amigos, compañeros y familia porque cuando lo perdí a él me di cuenta de que sin importar cuantos momentos hayamos vivido siempre me va a hacer falta haber vivido más con él, más abrazos, más tomadas de la mano, más charlas en las escaleras, más comida mexicana, más amaneceres, más años nuevos, más grados, logros, éxitos, más existencia y momentos juntos.
Quiero compartir con la gente que amo al máximo para que cuando me falten o les falte nunca se agote la fuente de recuerdos y momentos de amor…porque ese es el consuelo que queda al final.