Ni me di cuenta que había pasado un año desde la última vez que había escrito en este blog, más allá de excusas, esta ocasión no tengo nada por qué disculparme.
Estaba viviendo mi vida, y sobreviviendo a muchas cosas que pasaron, la verdad el resto del 2024 fue una mezcla de una tusa a raíz de salir con una persona que sabía lo que quería y no se alineaba con lo que yo quería, pero al mismo tiempo lo intentamos el con sus límites y yo con los míos, y sin querer salí lastimada, pero aprendí demasiado de mí misma.
Porque más allá de la tusa y de que él se quedó en el purgatorio (intentando volver a mi vida, peor al mismo tiempo no queriendo involucrarse lo suficiente para que yo me “ilusionara”), esta relación afectó mi autoestima bastante porque registre algunos eventos en mi cabeza de una forma incorrecta hacia mí misma —aún estoy en trabajo de reparación.
Lo que pasó después fue un desorden, él seguía yendo y viniendo, después de que “terminamos” me dijo que siguiéramos hablando y yo le dije que sí, pero que no iba a aceptar que me ghosteara, pero su intermitencia continuó, en algún punto nos vimos le iba a entregar su buso (un objeto/excusa que dejo en mis manos) y me lo recibió para luego pedirme que se lo guardara otra vez.
Todavía estoy intentando pensar si fue alguna maniobra extraña para volverme a ver, si él pensaba que me iba a tener en el futuro o si simplemente nunca considero la realidad por lo que era. En fin, yo recibí el buso y seguí con mi vida, recuperándome del golpe, rehaciendo un poco mi autoestima, concentrándome en mi realidad y en diciembre del 2024 oficialmente le cerré la puerta a mi vida de la forma más madura que encontré con un mensaje de WhatsApp.
El mensaje era largo y le deseaba todo lo bueno en su vida, pero le decía que no habíamos funcionado ni como pareja ni como amigos y que era momento de detenernos, agradecía por lo bueno y lo no tan bueno, y le hacía un recordatorio de que si quería su buso él podía reclamarlo porque sabía donde vivía, que el buso estaba a salvo.
Su respuesta fue un poco de lo que esperaba, un no me lo estoy tomando en serio, promesas vacías y como no un “yo ya ni me acordaba del buso”. Mensaje que escuché porque Magia me recordó que la parte madura y sana de mí, si abría las puertas de una conversación, debía permitirle al otro expresarse, claramente nunca conteste a su nota de voz porque para mi la situación ya estaba clausurada. Y así sigue, aunque él sigue pendiente de mis historias de Instagram y de Tiktok ¿y yo?, solo me sigo preguntando hasta cuándo va a estar pendiente de mí (no es mi rasgo más sano, pero sigo siendo humana, no perfecta.)
En ese proceso, como en septiembre de 2024 conocí a alguien al estilo de una comedia romántica, pero la vida (experta en subirle la dificultad al vincularse) decidió que está persona tenía que estar a puertas de un intercambio a Estados Unidos y mientras estaba allá le sumo los eventos canónicos de sus 20’s, osea esos eventos que te cambian para siempre, por lo que mientras él lidiaba con ellos ¿adivinen qué? Se desapareció, primero por una semana: me habló y le contesté, luego por tres meses: me habló y le contesté 3 días después luego de que Valentía me diera una charla sobre las oportunidades y cuando yo ya había cerrado la puerta porque nunca me había contestado ese mensaje y yo no iba a pasar meses siendo ghosteada en el 2025 (después de la experiencia 2024).
Pasaron 6 meses y tras una charla reveladora con mi mamá y mi tía, decidí dejar el orgullo al lado y hablarle ¿Y cómo va? Bueno, me habla 30 minutos – 1 hora al día ya veces cree que me respondió y no lo hizo ¿Cómo me siento con eso? Es una cagada, pero estoy en el esfuerzo de romper patrones, así que bien me sirve como entrenamiento para entender cuáles son los límites más sanos para mí y darle una revisión a mi ego.